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Deudas de gratitud, muchas. Una de ellas es con Federico Prieto, a lo que se suma una sincera admiración: la de un aprendiz de mago ante un buen maestro. Federico, de raíces piuranas y periodista de pura cepa cumple 75 años, toda una vida entretejida con los avatares del periodismo nacional y la actualidad a flor de piel, vivida con la intensidad de las salas de redacción a la hora del cierre.

Las salas de prensa lo han acompañado desde sus años de estudiante en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Navarra: revista “Ius canonicum”, “Nuestro Tiempo”. Codo a codo con los grandes periodistas liberales y republicanos acuñó su propio estilo y voz. Afinó su pluma en la “escuelita” de don Pedro Beltrán en La Prensa. Es el periodismo de saco y corbata: Arturo Salazar, Juan Zegarra, Enrique Chirinos, Alfonso Baella… Periodista de opinión, político empedernido, de los que miran, también, con el rabillo del ojo. Durante el golpe militar de Velasco Alvarado fue deportado a Argentina por su participación en el semanario “Opinión libre”. En “El Expreso” con Manuel D´Ornellas y en el “Diario El Sol” de Marsano acrisoló su vocación periodista.
“Homo politicus” hasta cuando se amarra los zapatos. Observador agudo del acontecer social en su misma contemporaneidad. Su formidable memoria le permite ubicar el hecho concreto en el contexto amplio de la complejidad humana. Sus clases de política peruana o internacional tienen la frescura de la pluma del periodista que capta el instante para engarzarlo en el cauce de la historia. Los libros “El deportado”, “El desarrollo invisible”, “Así se hizo el Perú” son una muestra del alma del periodista que se niega a morir en el instante.
Corazón inquieto y siempre en camino del horizonte. Por eso, como buen caballero es adalid de causas difíciles y perdidas. Hace juego con el personaje de Mel Gigson en “Braveheart”: por los valores y la justicia se llega hasta el fin. De ahí que junto a su defensa de la Constitución Política es, asimismo, un convencido de la importancia de la constitución histórica del Perú, así como de la constitución primordial de la esencia humana. Fruto de esa preocupación son sus libros “La fuerza creadora de la educación” y “El trigo y la Cizaña”.
Con nuevos proyectos en su pluma, tiene la entereza de los viejos cowboys que cuidan del rancho para sus herederos. Sigue en el ruedo y me alegra.

Lima 14 de abril de 2015.

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