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Piura, Lima, Arequipa… marcharon en defensa de la vida del más pequeño de los seres humanos, Pulgarcito, una criatura cuya cuna es el vientre materno. Su potencial es inmenso y, de ordinario sus padres apuestan por él, con verdadero entusiasmo. Pero aun así, la tiene difícil, sin mamá que lo acoja en su seno, no llega a ver la luz del día ni a gritar o llorar de pura emoción.

El inicio de su biografía, el instante de la concepción, ahora es un problema para él. Las más de las veces, le basta hacerse presente y empieza la fiesta, el cuidado, los ahorros, las previsiones. Otras veces, su llegada es intempestiva y hasta brusca: papás eran muy jóvenes y no sabían lo que hacían, mamá fue violada y, por último, ¿por qué te voy a dar cobijo? Problema complejo el de Pulgarcito cuando se dan estas circunstancias. Su hoja de vida (cv) es insignificante. Potencial tiene, pero no hay logros para exhibir, ni siquiera un rostro que al mirarlo uno se quede prendado de la criatura.
La vida, asunto serio. La celebramos, la sufrimos, la lloramos, la llevamos a cuestas, la sostenemos y me quedo corto, pero… ¿eliminarla, descartarla, expulsarla, rechazarla? Todo es posible entre los seres humanos, lo más bello y lo más abyecto. Me inclino por lo más noble, por lo que expande la condición humana, hasta el heroísmo si hiciera falta (y bien sé que hay golpes en la vida tan fuertes…). Con Jean Guitton habría que decir que ante la vida, en cualquiera de sus fases y trances, sólo cabe el silencio; las palabras, quejas y razones enmudecen. La vida, simplemente, se acoge.
Las marchas por la vida de las últimas dos semanas han sido un gozoso derroche de optimismo. A su paso –con el permiso de Chabuca Granda- han quedado aromas de mistura, cultivado en el corazón enamorado y bullicioso de los chicos y chicas volcadas en la calle para celebrar la vida. Pienso en el Perú y me lleno de esperanza porque estos jóvenes, cargados de ilusiones, salvaguardan los ideales más nobles de la peruanidad, empezando por el principio: la defensa de la vida desde la concepción. ¿Cabe mayor hospitalidad que la de dar morada a Pulgarcito desde el día 1 de su aventura existencial?

Lima, 1 de abril de 2015

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