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Sylvain Tesson ha escrito un entretenido libro titulado “Un verano con Homero” (2019). Lo he leído a sorbos y no de un tirón en este gélido invierno limeño. Lectura amena, en capítulos y párrafos cortos recreando los personajes, dramas, tragedias, paisajes de “La Ilíada” y “La Odisea”. Un libro atento al canto de Homero, salpicado de sugestivos comentarios por parte de Tesson quien ve, en los textos griegos y sus actores, las constantes de la condición humana: honor, excelencia, fragilidad, fuerza, furia, piedad, libertad, destino.

La lectura de Homero y de las tragedias griegas me fascinaron desde mi época de colegial. Vuelvo a ellas con frecuencia. La combinación de mitos e historia, el dramatismo de las narraciones, la cercanía de hombres y dioses, las escenas de grandeza y miseria humana, ilustran e iluminan la narrativa humana de nuestro tiempo en sus raíces. Tesson nos hace conversar -sin pretensiones eruditas- con los héroes mitológicos. Vemos la furia de Aquiles, la grandeza de ánimo de Héctor, el ingenio de Ulises, el alma desgarrada de Andrómaca, esposa de Héctor a quien se dirige con estas dolorosas palabras: “¡Desgraciado! Te habrá de perder tu valor. No te apiadas de tu hijo tan tierno y tampoco de mí, ¡oh desdichada!, viuda pronto porque los aqueos te habrán de dar muerte”.

Dice Tesson que “dentro de mil años seguiremos leyendo a Homero. Y hoy encontraremos en el poema la forma de entender las mutaciones que agitan nuestro mundo en estos inicios del siglo XXI. Lo que dicen Aquiles, Héctor y Ulises nos permite esclarecer de forma anticipada los análisis de los expertos, esos técnicos de lo incomprensible que enmascaran su ignorancia en la bruma de la complejidad. Homero, en cambio, se contenta con exhumar las constantes del alma”. Sin ánimo de poner en el mismo costal a todos los expertos, coincido con Tesson en que hay asuntos demasiado sustanciales y vitales como para dejarlos en las manos de los técnicos. Uno de ellos es la condición humana en lectura distendida de la Ilíada y la Odisea.

La lectura de Tesson sobre los poemas homéricos es vivaz. Desliza, como es de esperar, sus opiniones sobre la actualidad. No hace falta estar de acuerdo con todo lo que sostiene. En cambio, en sus anotaciones sobre la naturaleza humana es clásico: “creo en la invariabilidad del hombre” dice el autor. Después de 2500 años de la guerra de Troya, podemos seguir leyendo con gozo y asombro a Homero. En tiempos como los que vivimos, corriendo de un lado para otro, muchas veces sin norte claro; volver a Homero es recuperar la memoria de lo que somos: una caña pensante, de cuya fragilidad partimos para llegar a cumbres de excelencia afirmando libremente nuestro ser.

Francisco Bobadilla Rodríguez
Lima, 22 de septiembre de 2019.