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Hay libros que consiguen expandir el alma, “De Homero a Kafka. 75 clásicos para una geografía del alma” (2018), de Rafael Gómez Pérez es uno de ellos. De cada clásico va un pequeño texto cargado de sabiduría y un comentario breve, suficiente. Son fogonazos de luz que iluminan la geografía del alma. Texto y pausa. Misterio y meditación. Homero, Sófocles, Cicerón, Cervantes, Quevedo, Pascal, Hölderlin, Chesterton, Eliot, Kafka acuden a las páginas del libro. Son apenas gotitas de buena literatura que alegran el alma del lector. Seriedad, unas veces; ingenio, otras; flaquezas y grandezas de la condición humana.

Leo a Gómez Pérez (1935) desde mi época universitaria. Rafael es un fino y culto humanista. Todo lo humano lo convoca y ha recorrido la narrativa, la historia, el ensayo, la filosofía, la política. Pertenece a la estirpe de los intelectuales, atentos al acontecer de los tiempos. Lo he conocido en su madurez, hemos conversado de lo humano y divino en su casa o un bar madrileño, al calor del café o del chocolate. Congeniamos y, sin duda, por eso me resulta tan connatural la selección realizada de autores y textos.

De Cervantes rescata este lindo pasaje del Quijote: “Unos van por el ancho campo de la ambición soberbia; otros, por el de la adulación servil y baja; otros, por el de la hipocresía engañosa, y algunos, por el de la verdadera religión; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la honra. Yo he satisfecho agravios, enderezado tuertos, castigado insolencias, vencido gigantes y atropellado vestiglos; yo soy enamorado, no más de porque es forzoso que los caballeros andantes lo sean; y, siéndolo, no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos continentes. Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno; si el que esto entiende, si el que esto obra, si el que desto trata merece ser llamado bobo, díganlo vuestras grandezas, duque y duquesa excelentes”.

Caballerosidad, hombría de bien, nobleza de espíritu… Qué de cosas bellas y buenas se pueden decir de don Quijote, uno de mis personajes más queridos y tanto más, cuanto más desesperadas son sus aventuras. Y es que sin grandeza de ánimo, sin la disposición de hacer el bien y evitar el mal, la experiencia humana se empequeñece. No se puede vivir sanamente sin estas locuras del caballero andante. El cálculo, la seguridad le dan certeza a la vida, desde luego; pero la sola certeza acaba asfixiando el espíritu. No solo de pan vive el hombre.

T. S. Eliot aparece, brevemente, en el libro con unos versos de sus Cuartetos: “La única sabiduría que podemos esperar adquirir/ es la de la humildad: la humildad no termina nunca”. A lo que Gómez Pérez apunta: “Una cosa son los saberes y otra la sabiduría. La única que podemos esperar adquirir (no adquirirla sin más, sino esperar adquirir) es la humildad (…) Pero, a su vez, esa humildad no tiene fin (…) La humildad es la continua disposición de no pensarse superior a nadie”.

El mapa de la geografía del alma se queda corto. Podemos decir mucho de ella y aún así quedan fuera del mapa tantos de sus entresijos. Nos queda, sin embargo, el asombro y el buen sabor de estas lecturas que nos ayudan a caminar entre asombro y asombro.

Francisco Bobadilla Rodríguez
Lima, 17 de Junio de 2019

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