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Descubrí al belga Simon Leys (1935-2014) hace poco. Su “Breviario de saberes inútiles” (2016) lo disfruté línea a línea. Ensayista con voz propia, agudo crítico literario, pensador libre de correcciones políticas, gran conocedor de la cultura y literatura china. Suelo hacer reseñas o comentarios de los libros que leo. Con éste no he podido, la amplitud de temas me desborda y no acabo de hacer una síntesis que diga algo. Ya llegará su momento.

En mis visitas a las librerías, había otro libro suyo que me acechaba de continuo. Con cierto temor lo compré. Se trata de “Ideas ajenas. Recopiladas idiosincráticamente por Simon Leys. Para el divertimento de los lectores ociosos” (2015). Resultó ser un acierto y lo he disfrutado en mis ratos de ocio de principio a fin. Son citas recopiladas al gusto del autor y, afortunadamente, también al gusto de este servidor. Cada texto me ha suscitado una cadencia: idea, lectura, pausa, sonrisa, pensamientos al aire y así sucesivamente.

Simon Leys tiene sus preferidos: Simone Weil, Henry Thoreau, Paul Valéry, Wilde, Su Dongpo, Paulhan, Montherlant, Montaigne, John Hery Newman, Lao Zi, O´Connor, Samuel Johnson, Leon Bloy, Chateaubriand, Chesterton, Emerson, Bernanos, Baudelaire, San Bernardo… Simon Weil es la más citada. Entre otras cosas señala: “Un antiguo ejemplo de decisión democrática: la demanda popular de liberar a Barrabás y de crucificar a Jesús”. Conocemos al personaje, es Poncio Pilato. Lo suyo fue lavarse las manos, zafar cuerpo y dejar pasar la injusticia; sabía de la incorrección e incluso del ilícito penal o moral, pero lo dejó pasar: yo no he sido, ustedes verán. Lindo texto para este nuestro precario contexto político y social. Con qué facilidad se limpian las manos muchos cuando las papas queman. Y, asimismo, cuánta presión la de los grandes medios de comunicación social, que se adjudican la representación de la opinión pública ciudadana, cuando las más de las veces son los altavoces interesados de los señores feudales de la comunicación y su equipo de periodistas. Cuando, además, se juntan dinero, poder y comunicación, ¡agárrense!

Flannery O´Connor aparece y dice: “la gente no se da cuenta de lo que cuesta la religión. Pensar que la fe es una gran manta eléctrica, cuando es evidente, que se trata de la Cruz”. Ciertamente, “al pan, pan y al vino, vino”. Fe y vida de fe. Vivir cristianamente cuesta Dios y su ayuda. Convertir las razones en obras de amor es pasar por una continua conversión del corazón. Hay Navidad, pesebre, regalos, ternura; también, hay –en la vida del cristiano- Pasión y Cruz.

Del Príncipe de Ligne, Leys anota el siguiente aforismo: “¿Por qué siempre representamos a la justicia con una espada y una balanza? A veces me gustaría ponerle un velo. A veces corresponde a la justicia no hacer justicia”. Los romanos lo sabían y de ahí ese otro adagio jurídico: “summun ius summa iniuria”, pegarse a la letra de la ley, puede ser la máxima injusticia. El Padre Brown, personaje de los cuentos policíacos de Chesterton lo sabe muy bien. También lo sabe el estricto Hércules Poirot en el caso “Asesinato en el Orient Express” de Agatha Christie. La justicia sin prudencia puede llegar a ser muy injusta.

Les dejo un par de aforismos más que no tienen pierde:
Apetito. “La desgracia de Thoureau es que carece de apetito. No come ni bebe. ¿Qué puede tenerse en común con alguien que no conoce la diferencia entre el helado y la col y que no tiene ninguna experiencia con el vino o la cerveza? Emerson.
Sueños. “Romper son las cosas reales no es nada. Mas, ¡Ay! con los recuerdos. El corazón se rompe al separarse de los sueños, de tan poca realidad que habita en el hombre”. Chateaubriand.
Buen provecho con el libro.

Lima, 19 de diciembre de 2018

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