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Adam Zagajewski, poeta polaco, ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2017. Sus libros de poemas y ensayos están traducidos desde hace un buen tiempo al español. Le pasó lo que a tantos en la época de la ocupación comunista de su país: “En la niñez perdí dos patrias: perdí la ciudad donde nací, y en la que antes de mi venida al mundo habían vivido numerosas generaciones de mi familia, pero también, con la llegada del estilo soviético de gobierno, se me privó del fácil y de algún modo natural acceso a la evidencia universal de la verdad. Necesité luego muchos años para volver a la corriente principal de la vida, para admitir las más elementales certidumbres, esas que sólo los locos y los farsantes ponen en duda”.

Sabe que hay horror en los afanes humanos, pero procura descubrir, asimismo la belleza del trajinar prosaico. Para Zagajewski, “la defensa de la poesía es la defensa de algo que alienta en el hombre, la capacidad fundamental de experimentar el milagro del mundo, de descubrir la divinidad en el cosmos y en otro hombre, en una lagartija y en las hojas de los castaños, de asombrarse y de quedar sumido durante un largo instante en ese asombro. Si esta capacidad se marchita, la especie humana seguirá existiendo, pero empeorada, debilitada”.

En su poesía hay espacio para la imaginación, los sueños, la magia y las grandes preguntas que intentan develar algo del misterio del ser humano y del mundo. “Miraba con avidez las caras humanas: cada una era diferente, cada una decía algo… reía, sufría. Pensé que las ciudades no las construyen las casas, ni las plazas o las avenidas… sólo las caras que se iluminan como lámparas”.

Poesía sobria, abre a la belleza e invita a pensar, también a elevar el alma a Dios: “en la Iglesia del Corpus Christi enciendo una vela a mis muertos, que viven lejos de aquí, no sé dónde, y siento que en la llama roja ellos también se calientan”. Belleza y verdad de la palabra van de la mano en los versos del poeta. Y de los escombros de la agitada historia de la Europa de su tiempo saca a relucir el bien que, igualmente, existe entre la cizaña del mal.

Chosica, 9 de julio de 2017,

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