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“Para conocer bien, sobre todo hay que tener en el alma un buen amor”, dice certeramente Carlos Cardona. Pienso que de José Agustín de la Puente –distinguido historiador y educador peruano- se puede afirmar que, gracias a su profundo amor al Perú, ha escrito las más nobles y equilibradas páginas de nuestra Independencia. El reciente doctorado “honoris causa” que la Universidad de Piura le ha otorgado, no hace sino reconocer la calidad humana e intelectual de quien ha sabido leer nuestra historia republicana con ojos de enamorado, piedad de hijo y rigor de historiador.

Desde que lo conocí en los años setenta, cuando estudiaba en la PUCP, he admirado en él su gran capacidad para ver el bien en el decurso de la historia. Un optimista antes y ahora. En su pluma no hay trazas de amargura, ni actitudes altisonantes. Un caballero siempre, incluso con quienes no han guardado la compostura en sus críticas al referirse a la tesis que el maestro de la Puente sostiene en sus investigaciones. Allí donde tantos sólo encuentran ocasiones para lamentarse, el profesor de la Puente sabe encontrar el hilo de la madeja que anuncia promesas para nuestro futuro cercano.

En épocas de algarabía tecnocrática como la actual en dónde el “hacer” y el “tener” le hacen carga montón al “ser”, resulta urgente volver la mirada a la realidad nacional en extensión y profundidad. Prontos a conmemorar el Bicentenario de la Independencia, lo que escasea no son soles ni dólares, nos falta Patria –como bien lo recordaba Víctor Andrés Belaunde en 1914-. La Peruanidad, lo ha recordado tantas veces el profesor de la Puente, no es una exageración semántica, es una realidad entretejida con todas las sangres que se abre paso década tras década entre los desiertos de la costa, las montañas de los Andes y la Selva de nuestra Amazonía.

El profesor de la Puente ha tenido la valentía intelectual de pensar al Perú: el pasado sin prejuicios y el futuro sin miedo. Cada conversación con él se convierte en bocanadas de optimismo. ¿De dónde le viene esa alegría vital reflejada en la serenidad de sus escritos? Sus amigos y discípulos de seguro tienen alguna respuesta. A mí me basta decir que es uno de los hombres más agradecidos que he conocido y lleno de confianza en el Señor de la Historia.

Lima, 27 de noviembre de 2016.

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