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Faber-Castell es una empresa que conocemos desde niños. Utilizamos lapiceros, lápices, plumones y una serie de productos de escritorio. Recientemente apareció una entrevista a Mary y Charles von Faber-Castell, miembros del directorio de la empresa. Están buscando al nuevo CEO de la transnacional con un perfil muy particular: “orientado en la gente y que aprecie las relaciones con los socios”. Agregan que ha de ser alguien “que sepa trabajar en equipo, que vele por los intereses de la familia, con visión de largo plazo, que tenga cultura y orgullo por el equipo”.

Se da por supuesto que sepa del negocio. Lo importante, para esta gran empresa familiar, está puesto en las competencias blandas del directivo y, ciertamente, no le falta razón Mary von Faber-Castell cuando afirma que “hay cualidades que se pueden aprender, pero hay otras que no, como la confianza o el carácter”. Es algo parecido al “encanto”, se tiene o no se tiene. Las fórmulas para ser encantador no funcionan: se nota a kilómetros que esos gestos son sólo muecas. No es fácil encontrar al CEO que buscan.

Martin Buber, referente esencial de la filosofía del diálogo, dice que hay dos grandes actitudes en el ser humano: la actitud Yo-Tú y la Yo-Ello. La primera permite tratar al prójimo como persona; la segunda, lo trata como objeto. Mirado desde las empresas se puede decir que en los directivos hay dos grandes sellos que marcan su estilo: orientados a las personas u orientados a las cosas. Ambos consiguen resultados, pero de distinta manera. Si el directivo está orientado a las cosas, las personas de su organización son medios para conseguir ventas, metas, objetivos. Buena cosecha: números. En cambio, si el directivo está orientado a las personas, los resultados son más bien medios para crecer y hacer a su gente. Cosecha números y felicidad.

Directivos que se juegan por su gente y consiguen mantener vivo el entusiasmo de pertenecer a su empresa. No es poco lo que pide Faber-Castell a sus ejecutivos, pero empresas como éstas me llenan de esperanza. Son lo que hace algún tiempo llamé “empresas con alma” que es tanto como decir empresas organizadas como comunidad de personas y no sólo una fábrica de resultados.

Lima, 7 de septiembre de 2016.

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