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Josep Rosanas, profesor del IESE de Barcelona -una de las escuelas de negocios más prestigiosas de Europa- y consultor de empresas, ha escrito un libro que no tiene pierde. Se llama Cómo destrozar la propia empresa y creerse maravilloso (Barcelona, Granica, 2003). Un libro que rebosa sentido común y buen humor para examinar un tema nada agradable para el que lo sufre: la incompetencia de los jefes que con sus malas prácticas deterioran la empresa y hacen sufrir a su gente.

¿Qué hace el mal directivo de empresas? –se pregunta Rosanas- y responde: “Algo totalmente inmaterial: siembra infelicidad. Esencialmente entre sus clientes y sus empleados, pero la cosa puede ir más lejos, e incluir proveedores, gobiernos, financieros, ciudadanos de a pie…, todas aquellas personas o entidades a las que modernamente se les llama en inglés los stakeholders, es decir, todas aquellas personas que tienen algo que ver con la institución”. En efecto, el bien o el mal que un directivo hace no queda en casa, trasciende a la calle.

He aquí seis consejos tomados del libro -con muy ligeros retoques- que le vendrán bien al jefe que ha decidido destrozar su empresa:

1. Contrate y despida dependiendo de cómo van las cosas, principalmente los beneficios trimestrales. No invierta en formación de personal, más que en lo imprescindible para salir adelante y realizar los trabajos inmediatos. Cree en el empleado la idea de provisionalidad. Esto imposibilita que éste se identifique con su empresa. Si quiere completar el destrozo, no promueva a nadie de dentro. Contrate sistemáticamente “estrellas” venidas de fuera, con la formación que les ha proporcionado el “mercado” en lugar de la que usted necesita; y mucho mejor si es con salario sustancialmente superior al de las personas con similares cualificaciones que proceden de “dentro”.

2. Promueva proyectos personales, no compartidos por el resto de la organización (lo que inglés suele llamarse pet projects, es decir los proyectos-juguete del directivo, que se tienen más por placer que porque sean útiles). Premie fuertemente a las personas que le saquen adelante estos pet projects. De esta manera, consigue destrozar su empresa, molestando a la mayor parte de los que la integran.

3. No pierda el tiempo escuchando a su gente, ni mucho menos pretenda discutir los asuntos de la empresa con ellos. Usted ya tiene su opinión hecha, tiene una respuesta para todos y no necesita que nadie le diga nada. Su concepción de la empresa es monolítica e inmejorable. Usted sabe de sobra lo que hay que hacer en cada caso, y sólo la torpeza de sus subordinados hace que éstos no lo vean de inmediato. Su torpeza, y su falta de visión de conjunto (que no la van a tener porque es imposible que los subordinados la tengan). Usted sabe que todo marcha de maravillas en su empresa.

4. Innove en la empresa de acuerdo con sus caprichos y aquellos proyectos que le hacen ilusión a usted. Si disfraza como nuevo lo que es más viejo que la tos, y que es sabido por todos que a usted le encanta, mucho mejor para un destrozo más eficaz. Introduzca un grupo de ciudadanos privilegiados para que venzan la resistencia al cambio de los demás (que son los que salen perdiendo). Destruya la competencia distintiva de la empresa, pero diga que los valores fundamentales que tenía la cultura de la empresa se mantienen aunque todo el mundo vea que es falso.

5. Maltrate a las personas que forman parte de su empresa, cuanto más mejor. No físicamente (podría usted ir a la cárcel); tampoco no pagándoles lo debido, ni insultándoles de manera explícita (aunque esto, a veces, puede empezar a tener su eficacia). Esencialmente, tratándolos como cosas. Haga que se sientan defraudados con la mayor frecuencia posible. Cuando sea así, les recuerda que usted es el jefe y que tiene la ley de su parte para tomar la decisión que corresponda.

6. En resumen, y como el management consiste esencialmente en hacer las cosas a través de otras personas, para organizar un desastre haga lo que a estas otras personas les molesta. Haga que le odien. Haga que haya mal ambiente. Haga que todo el mundo se caliente. Pero ¡cuidado! Las personas tienen su propia manera de ver las cosas, y es posible que si usted pretende crear mal ambiente, se cree un buen ambiente… contra usted.

Lima, 22 de agosto de 2016

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