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Byung-Chul Han es un filósofo y ensayista coreano, capaz de escribir sobre aquellos asuntos que tantos pasamos de largo. Él sabe detenerse y lo obvio se convierte en destellos de buena sabiduría. Lo ha conseguido en uno de sus recientes libros, “El aroma del tiempo” (2015), un pequeño texto que deja buen sabor al lector agradecido.
Corremos de un sitio para otro, nos afanamos en múltiples tareas. Tantas veces lo que nos queda de tiempo es tan sólo para reponernos y vuelta a correr. Somos grandes consumidores de lo que se nos ponga por delante. Usamos y descartamos. Compramos enlatados. Un click y ya está caliente el refrigerio. Privilegiamos la velocidad y medimos al trabajador por sus resultados medidos con indicadores cada vez más eficaces. La escena famosa de Chaplin en “Tiempos Modernos (1936)”, enloquecido por el trabajo trepidante y monótono de la fábrica, sigue siendo una realidad en tantos centros laborales: sólo se han refinado los métodos.

Dice Han que “las prisas, el ajetreo, la inquietud, los nervios y una angustia difusa caracterizan la vida actual. En vez de pasear tranquilamente, la gente se apremia de un acontecimiento a otro, de una información a otra, de una imagen a otra”. Pareciera que hemos desterrado de nuestro horizonte vital lo durable, lo que perdura, la capacidad de detenernos, de escuchar sin tener que mirar el reloj o el celular. En un ambiente así, “la promesa, la fidelidad o el compromiso, todas ellas prácticas temporales que crean un lazo con el futuro” y delimitan el horizonte, pierden sustancia y se convierten en pompas de jabón.

Gracias a que corremos llegamos a tantas cosas positivas, no hay lugar a dudas. Pero, también está el riesgo de perdernos de tantas otras esferas de la vida personal que requieren, precisamente, que nos detengamos. Por ejemplo, disfrutar de la belleza. “Lo bello –dice Han- no es el resplandor o la atracción fugaz, sino una persistencia, una fosforescencia de las cosas (…) Sólo cuando uno se detiene a contemplar, las cosas revelan su belleza, su esencia aromática”. Tiempo, por tanto, no para hacer más cosas, sino para estar en las importantes. Tiempo para conversar de esos asuntos que sólo se hablan cara a cara y sin prisa. Tiempo para crecer.

Lima, 4 de mayo de 2016.

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