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En las organizaciones, pequeñas o grandes, los directivos tienen la responsabilidad de hacer que la institución camine. Hay metas y planes de acción para llegar a los objetivos. Para este fin, caben cuanto menos, dos estilos: empujar o inspirar. El jefe que empuja ha centrado su mirada, principalmente, en la meta, pone en segundo plano a su gente. Calcula, pone tiempos, mide. Bien si se trata de focos de luz: tiempo de duración, luminosidad, precio, ahorro de energía. El riesgo está en que mire y mida del mismo modo a quienes trabajan con él.
La película “La lista de Schindler” (1993) es una buena muestra de esto último: para vivir había que demostrar que se era un trabajador esencial, útil. Sólo interesaba el ser humano en tanto que instrumento. Un modo de seleccionar excluyente en donde niños, ancianos, filósofos y literatos quedaban descartados. La cultura del descarte es cruel. Privilegia la eficacia y los resultados sobre el tiempo interior que sólo los seres humanos tienen.
Peter Senge, autor de referencia en el cambio organizacional, al cabo de diez años de su libro “La quinta disciplina”, decía que la experiencia le había llevado a la convicción de que un buen gestor del cambio es quien tiene mentalidad de jardinero. El jardinero abona, siembra, cuida, poda y espera. Y, efectivamente, es una convicción tan antigua como el Evangelio: pues “la semilla que cae en tierra buen da fruto: una ciento, otra sesenta, otra treinta”.
Y aquí nos ponemos en la pista de ese otro modo de conseguir las metas: caminar juntos y llegar acompañados. Es el estilo de los líderes. Lo suyo no es pedir cuentas, lo suyo es inspirar; fomentar en quienes lo acompañan la ilusión de emprender. La experiencia de correr en grupo es muy aleccionadora a este respecto. De ordinario, hay más de uno que corre muy bien. En el camino, alguno se cansa, pero no falta la ayuda del que jala. El mejor, incluso, sube y baja, anima, espera… Al final, todos llegan. Ha valido la pena el esfuerzo y qué bien lo hemos pasado. Sí, quizá a un jefe le baste con empujar. De un líder esperamos más: debe inspirar y tener alma de jardinero.

Lima, 5 de abril de 2016.

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