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“Unbroken”, película dirigida por Angelina Jolie, nominada, pero no premiada en el Oscar, tiene una historia singularmente aleccionadora. El personaje es el atleta olímpico Louis Zamperini, enrolado en la segunda guerra mundial. Sobrevive en altamar durante 47 días para caer, luego, prisionero de los japoneses por dos años. Louis, un corredor de fondo en la pista y en la vida, con los nervios y músculos templados para retos de largo aliento, en donde lo que importa no es empezar, sino resistir.

Louis, en el campo de prisioneros y al límite de sus fuerzas, tiene que levantar y sostener una pesada viga de madera. Sus amigos gritan: ¡vamos, Louis!; ¡vamos, amigo! ¿Qué pasa en el interior de un ser humano para sacar fuerzas, levantar la cabeza y vencer el cansancio o no claudicar al canto de las sirenas? Escena de película, como de película es la vida de cada hombre y mujer que lleva sobre los hombros sus propias vigas, aun cuando no aparezcamos en Holllywood. Arenga animante, en la que cabemos muchos y bien podríamos decir: vamos Ali, Jorge, Paco, Ioanna, Aldo, María… ¡resiste!
Proyectos de largo plazo, carreras de fondo, promesas de amor para siempre, tantas veces transcurren como en Narnia. El corredor transita por jardines, malecones, aire fresco -van 10 K-, los árboles hablan, las amazonas sonríen, el trote fuerte del amigo anima –van 20 K- : cuerpo sano, meta lograda, el alma baila. Pero, también, llegan las temporadas de soldados heridos y capitanes cansados en donde todo se hace cuesta arriba, arena blanca sin algarrobos verdes. Es la etapa que le toca pasar a Louis durante dos años de tortura. Hace falta más que voluntad férrea para resistir en el bien, que ahora se vuelve arduo, difícil. La tentación del fracaso ronda. ¿De dónde agarrarse? El tiempo no basta, hace falta sostenerse en la eternidad tal como la podemos entrever desde la tierra.
Sobreponerse a las brumas de la desazón y, cual buceador al que le falta aire, dar la patada firme en busca del oxígeno de la superficie es el acto heroico que alguna vez pide la vida. La tierra no basta, hace falta Cielo, dejarse envolver por lo divino. ¿Firmeza de ánimo? Muchísimo más, es fidelidad.

Lima, 10 de marzo de 2015.

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