Álvaro del Portillo, un Pastor, según el corazón de Cristo

Desde muy temprano de la mañana madrileña del sábado, miles de personas se desplazaron hacia Valdebebas, lugar en el que se llevó a cabo la Ceremonia de Beatificación de Mons. Álvaro del Portillo, sucesor de San Josemaría y segundo Gran Canciller de la Universidad de Piura. Hubo que tranijar mucho: buses, Metro y largas caminatas. Una verdadera perigrinaciòn. Todas las edades, colores, e idiomas. Encuentros, fotos y chácharas rápidas con amigos y conocidos de diversas geografías. El día ayudó, fue una mañana soleada y apenas unas gotitas inofensivas de lluvia, justo al final de la Ceremonia, hacia las 2 p.m.
Espera larga y gozosa. Empezó la Santa Misa y lo primero fue la lectura de la carta que el Papa Francisco dirigía al Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría. Un mensaje cariñoso y cercano. Decía que era una alegría para la Iglesia, embellecida así por la santidad de sus hijos. Don Álvaro, aprendió a enamorarse de Cristo. Se dejó amar por el Señor, que como siempre nos precede y “primerea” en el amor. Fue conmovedor cuando se refirió a la vida del beato, glosando una oración de San Josemaría: ¡gracias, perdón, ayúdame más¡ Un sacerdote bueno y fiel, cuya existencia estuvo centrada en Dios. Al final de su carta, el Santo Padre se refirió a todos los asistentes y nos animó a fiarnos de Dios, a no tener miedo en ir contracorriente y seguir el ejemplo del Beato para recordar que siempre es tiempo para amar.
Celebró la Santa Misa el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos. Se refirió a don Álvaro señalándolo como un pastor, según el corazón de Cristo. Un buen pastor que conocía a sus ovejas. Vida alegre y misericordiosa, acrisolada en la Cruz. Resaltó su humildad, consecuencia de su identificación e imitación de Cristo. Humildad, por otro lado, cariñosa, alegre y nada irritante, puerta segura de la santidad. Glosando al Cardenal Ratzinger, dijo que la virtud heroica de don Álvaro no se compuso de grandes obras hechas por sí mismo, sino en el esfuerzo diario para ser transparente al obrar de Dios: que sólo Él se luzca. Terminó la homilía con una audaz invitación a trabajar por una “ecología de la santidad” para contrarrestar y purificar los efectos corrosivos del mal.
Las palabras finales de la Ceremonia las dirigió Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei. Se le notaba muy emocionado y empezó agradeciendo a la Santísima Trinidad y a la Virgen por tan grande don. El agradecimiento al Santo Padre fue conmovedor, refiriéndose a su cercanía, sus claros consejos y su continuo aliento en el camino de santidad. Los aplausos no se hicieron esperar cuando se refirió a la alegría de los santos con quienes don Álvaro trabajó como consultor de la Santa Sede: San Juan XXIII, San Juan Pablo II y, próximamente, el beato Pablo VI: ¡Tremenda liga de grandes!, pensé.
La fiesta continúa. Mañana es la Misa de Acción gracias por el nuevo Beato. Otra alegría, otra historia.
Madrid, 27 de septiembre de 2014.

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