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Mons. Álvaro del Portillo, refiriéndose a las primeras horas que siguieron a la muerte de San Josemaría Escrivá, el 26 de junio de 1975, dijo que no escribía una frase retórica si afirmaba que ese corto espacio de tiempo había sido ya una inmensa catequesis. Pienso que lo mismo podemos decir desde aquel, aún no muy lejano 5 de julio de 2013 en el que Papa Francisco aprobara un milagro de don Álvaro, abriéndose la puerta a su beatificación este 27 de septiembre, en Madrid. Desde entonces alguna sonrisa le hemos robado a don Álvaro porque todo este tiempo ha dado ocasión a una gran catequesis alrededor de la memoria del hombre fiel a la Iglesia y al espíritu de San Josemaría, fundador del Opus Dei y primer Gran Canciller de la Universidad de Piura.

Sus cartas pastorales, homilías y los dos libros sobre la figura de San Josemaría son, quizá, los escritos más personales de don Álvaro del Portillo. En una de ellas, la escrita el mismo 26 de junio de 1975 pedía a los fieles de la Prelatura una fidelidad asociada a la humildad, pues “la soberbia, la vanidad, el buscarse a sí mismo, producen como efecto la separación, las rencillas, las molestias entre hermanos (…).”. Este fue su empeño durante todos los años que estuvo al frente del Opus Dei, “procurar que, según el deseo del Padre, subamos todos al cielo. Que no se quede ninguno rezagado, ni más abajo”.
Don Álvaro del Portillo, en sus cartas y escritos, procuró dirigir la atención de sus lectores hacia algo diferente a sí mismo. Se sabía depositario del espíritu del Fundador, de ahí el uso y la remisión continua a los escritos de San Josemaría. Fue, ciertamente, una invitación a mirar hacia ellos, pero con la intención de mirar a través de ellos el camino de santidad, la llamada particularísima que cada hombre y mujer reciben de Dios para ser santos aquí y ahora.
“Saxum”, roca, así le llamaba San Josemaría y así fue su vida: fortaleza para sus hijos y cimiento para las diversas labores apostólicas que promovió. La cercanía de su beatificación nos permite vislumbrar la valía intelectual, el celo pastoral, la finura de alma de quien ha sido el segundo Gran Canciller de la Universidad de Piura.

Piura, 16 de septiembre de 2014.

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