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Rafael Correa no deja de ser noticia. En julio pasado la asamblea ecuatoriana aprobaba la Ley de Comunicación por la cual se le pone una camisa de fuerza a las tan maltratadas libertades de información y de expresión. El gran tema político del momento lo constituye las elecciones municipales de finales de febrero. Pareciera ser que de Guayaquil no se mueve Nebot quien se presente a la reelección. Su contrincante oficialista, Viviana Bonilla, poco puede con la gran popularidad de Nebot. Pero lo que ha llevado a Correa a ser noticia en los últimos días han sido sus declaraciones del pasado 28 de diciembre, en su acostumbrado enlace de los sábados: afirma su oposición al aborto y declara que la ideología de género es una mera barbaridad. El feminismo radical, tampoco queda bien parado. ¿Quién se hubiese atrevido a decir esto sin que le caiga el mazo del lobby gay o de los movimientos feministas?
Dedicó cinco minutos de su discurso a estos temas. Para quienes sostienen la identidad de género, dice Correa, “básicamente no hay hombre o mujer natural. Que el sexo no te determina si eres hombre o mujer. Que pudiste nacer sexo masculino o sexo femenino, pero ¡eso no te determina si eres hombre o mujer, sino (que) son las “condiciones sociales”, los “condicionamientos sociales”! ¡Que el hombre y la mujer, es una construcción social! Y para liberarnos, para tener “verdadera libertad”… ¡yo debo ser libre para elegir mi género! Entonces ¡debo liberarme de esos condicionamientos sociales, y la mujer puede elegir ser hombre, y el hombre puede elegir ser mujer! Perdónenme, ¡eso académicamente no resiste el menor análisis! Es pura… ¡no es teoría! Es pura y simple ideología, muchas veces para justificar el modo de vida de aquellos que generan esas ideologías, ¡que los respetamos como personas! Pero no compartimos en absoluto estas barbaridades y, académicamente, sí les puedo decir, son barbaridades que no resisten el menor análisis”.
La red LGBTI del Ecuador (el colectivo activista gay) inmediatamente sacó un comunicado para desmentir a Correa y su crítica se centra en afirmar que Rafael Correa confunde sexo biológico, identidad de género y orientación sexual. Es, ciertamente, un comunicado respetuoso con la figura del presidente e intenta tener un carácter académico. Lo que más les molesta es que se le llame “ideología” de género y no es para menos, pues la palabra “ideología” ya se la entienda como ideas al servicio de intereses o como forma de pensamiento que encubre realidades y propósitos turbios no es precisamente un cumplido. Carlos Marx no se queda en media tintas y, en su tiempo, fustigó el precario valor de todo pensamiento ideológico. No es ciencia.
El discurso de Correa tiene un tono político y no podría ser de otro modo, pero eso no le quita fuerza a su posición. En las expresiones de Correa no hay desprecio a las personas que defienden estas ideas o identidades. Su discurso, en todo caso, va dirigido contra los activistas que pretenden convertir una ideología en ciencia. Pienso, incluso, que lo más interesante de este insólito mensaje de Correa es su defensa de la familia (papá, mamá e hijos) como célula básica de la sociedad, la identidad natural sexuada del hombre y de la mujer, la defensa de la igualdad de derechos de ambos. Una defensa conservadora en boca de un hombre de izquierda, de un político que en esta materia simplemente defiende la identidad natural de la familia y la persona.

Guayaquil, 10 de enero de 2014

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