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Después de tres años vuelvo a Bogotá. Un momento de especial efervescencia política. Faltan pocos meses para las elecciones parlamentarias y presidenciales: mayo de 2014 está a las puertas. El panorama es tremendamente singular. La última encuesta aparecida esta semana le da 27% a Santos, 15% a Oscar Zuluaga -delfín del uribismo-, 12 % a Antonio Navarro – Partido Progresista- y 31 % de voto en blanco. Entre las dos fuerzas, la del santismo y del uribismo, el voto en blanco ha dado origen a la posibilidad de una “tercería”. Es decir un tercer candidato que no es ninguno de los otros pretendientes (Marta Ramírez, Clara López, de una izquierda moderada). Santos aún no se ha inscrito. Tiene plazo hasta este fin de mes.
Curiosamente, Uribe es quien tiene mayor popularidad entre los electores. Está bordeando el 70%, en una posición muy cómoda frente al desplome de Santos, quien de su inicial 73% bajó al 34%. Uribe ya no puede presentarse por tercera vez y llama la atención la acogida que tiene pese a que varios de sus ex ministros están en la cárcel o tienen orden de detención. Tampoco ha mermado su imagen la fiera campaña que emprendió contra Santos a quien considera un traidor de la causa. El panorama muestra un espectro político fragmentado. Con la Constitución Política de 1991 terminó el liderazgo de los dos grandes partidos históricos de Colombia: el partido Conservador y el Liberal. La mejor caracterización del momento político me la dio Juan Carlos Gómez, comunicador político de la Universidad de La Sabana: un escenario fragmentado, polarizado y personalista. No hay partidos políticos, hay personalidades.
El gobierno de Santos ha tenido sus logros. El diálogo por la paz con las FARC sigue su camino. Lo último ha sido una puerta a la legalidad. No es un asunto pacífico, pues el 80% de la población lo rechaza. Siguen los tratados de libre comercio. El más reciente con Corea. Apertura de mercado, pero al mismo tiempo marchas agrarias muy fuertes en contra de esta liberalización. El clima de rechazo ha amainado y esto le ha dado a Santos una pequeña alza de popularidad.
Pero no todo es perplejidad. Christine Lagarde, directora del FMI ha declarado que Colombia y Perú, junto con México y Chile, “formarían algo así como mi grupo líder”. La razón está en que estos países son “los que tienen sólidas políticas macroeconómicas, políticas fiscales bajo control e implementan reformas que liberan el potencial de sus economías”. Es justo el grupo de la Alianza Pacífico. Para los peruanos la relación con el Asia nos es familiar, para Colombia, no, quien siempre ha mirado más bien al Caribe y al Norte. Momento bueno en el que se abren oportunidades y se tiñen, además, de color amarillo, pues el futbol colombiano pasa por un espléndido momento.
Veo optimismo en la gente, quizá, en parte por la cercanía de la Navidad. Y aun cuando las pistas se embotan con el pesado tránsito vehicular, las calles y parques de la ciudad ya están vestidas de luces y figuras navideñas. Un despliegue de colores maravillosos, que aligeran las cargas del día. Su gente es amable y servicial y le están poniendo, igualmente, un cuidado especial a su comida. Quizá Santos no sea el candidato ideal, pero pareciera ser que será reelegido en las próximas elecciones generales. La política ya no es lo que era; los partidos políticos, tampoco. Sin embargo los pueblos de América del Sur seguimos caminando. Sigo pensando que nos encontramos ante un cambio significativo de paradigma político: el Estado está en crisis, la sociedad, no.

Bogotá, 14 de noviembre de 2013.

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