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Al igual que muchísimos vecinos de nuestra querida Piura, he celebrado la campaña contra los ruidos molestos que la Municipalidad ha emprendido. Como en su oportunidad dijo el arquitecto Fernando Belaunde: mano dura, pero justa. Protegernos de los abusos de conductores de autos, camiones, moto-taxis; cantinas, locales públicos, etc. empeñados en contaminar el ambiente de ruidos que dañan la tranquilidad ciudadana y la salud de los vecinos es un acción que hemos de alentar. Y si tuviera que darle el premio máximo al mayor contaminador de ruidos, sin duda se lo daría a los aviones de la Fuerza Área que sin previo aviso irrumpen por los aires de nuestra tranquila atmósfera piurana: ante sus ensordecedores ruidos las bocinas de camión son llanto de recién nacido.
Mala práctica, desde luego, la generación de ruidos invasivos e, igualmente, malas prácticas bastantes más que son, principalmente, ausencia de virtudes cívicas. ¿Por qué no proponernos una ciudad digna y habitable en donde niños, jóvenes y adultos puedan caminar sin sufrir atropellos? No debemos acostumbrarnos a la transgresión continua de las normas del buen vivir. Pienso que la mentalidad de la mesa limpia en casa puede ser un buen punto de partida. Me explico. En casa, después de alguna de las comidas, inmediatamente se limpia la mesa. No se nos ocurre acumular los desperdicios y las manchas hasta el fin de semana. Es lo mismo que esperamos cuando vamos a un restaurante: deseamos una mesa impecable. Esta misma idea la podemos aplicar a la ciudad y habría que decirle al personal que coloca las rampas en las calles que no deje amontonado los escombros sobre veredas o jardines hasta sabe Dios cuándo. ¿No podrían cargar con esa basura cada día? Hay calles de la ciudad que aún tienen sobre el asfalto los restos de cemento sobrante de alguna construcción. Es clamoroso, asimismo, que circulen tan alegremente volquetes llenos de tierra y piedras sin ninguna manta protectora echando polvo y dejando piedras en la pista. Una buena multa les vendría bien, pero prefiero apelar a la conciencia del propietario de la empresa para que cumpla con esos mínimos de buenas prácticas laborales.
Ciudad bonita es ciudad limpia. Hacen falta, es verdad, más depósitos de basura en las calles de Piura, pero, también hace falta más civismo de parte de los vecinos. Cáscaras de fruta, empaques de galletas, botellas plásticas vacías forman parte del mal decorado de nuestras calles. Provienen del entusiasta que compró su bolsa de mandarinas y, mientras camina, arroja los desperdicios a la calle. Las malas prácticas se multiplican. No vamos a darnos por vencidos. Podemos cambiar y convertir a Piura en una ciudad modelo en donde los servicios públicos funcionen y la calidad de vida se incremente. Hemos de volver a repetirlo, es tarea de todos: del pequeño bar que no arroje a la calle sus desperdicios y de la constructora que tenga la elegancia de arreglar la vereda destrozada de su frente y de toda la cuadra, por poner un par de ejemplos.
¿Qué tal si hacemos un gran “pacto cívico” en donde Municipalidad, Gobierno Regional, Policía Nacional, colegios profesionales, gremios empresariales, universidades, colegios y mujeres y hombres de buena voluntad se juntan para pensar y ejecutar un sencillo plan de educación cívica? ¿El objetivo? Conseguir el incremento de las buenas prácticas ciudadanas. El poeta ya lo decía, “hay, hermanos, mucho que hacer”, no mañana, hoy; y está en nuestras manos.

Piura, 7 de septiembre de 2013.

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