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¿Qué es la verdad? ¿Dónde está la verdad? Preguntas que se pierden en los pliegues de la Historia y muestran una preocupación constante de los seres humanos. Buscamos la verdad y no soportamos las transacciones o paraísos basados en mentiras por más “buenas” intenciones que adornen el entuerto. Pareciera, por otro lado, que el lugar menos indicado para encontrar la verdad es en el mundo de los políticos. Incluso verdad y política suelen mirarse como incompatibles. Decir que alguien ha dicho lo “políticamente correcto” es tanto como decir que dijo lo que convenía decir para quedar bien ante la opinión pública, aún cuando esa persona piense de modo contrario a lo que dice. Política sería, pues, sinónimo de conveniencia, juego de intereses, pero de ninguna manera compromiso con la verdad. La fuerza de los votos y el rumor de la opinión pública ahuyentan a la verdad.

Las comisiones investigadoras nacen como algarrobos después de lluvia. Tenemos para todos los gustos. Todas ellas tienen un mismo común denominador: queremos saber la verdad que hay detrás de las apariencias. La apariencia no nos convence. Intuimos que hay gato encerrado y buscamos que se nos aclare  el asunto. ¿Qué hay detrás de la compra de unas casas? ¿Cómo se explican los indultos a granel que se han dado? ¿Hay o no hay candidata del gobierno para las próximas elecciones presidenciales? ¿Se están usando bienes y dinero de la colectividad para alentar campañas electorales? ¿Por qué se dan licencias de funcionamiento desgarrando el sentido común y las normas administrativas en uso? Las preguntas las podemos extender hasta el agotamiento y en todas ellas hay  un mismo telón de fondo: queremos saber la verdad.

Todo este panorama de la actualidad política me ha hecho recordar la película “Héroe por accidente” (1992) protagonizada por Dustin Hoffman (Bernie Laplante), Andy García (John Bubber) y Geena Davis (Gale Gayley). Laplante es un pequeño estafador, de carácter desconfiado, tremendamente pragmático. Bubber es un vago, sin hogar, de buen corazón y voluntad débil. Davis es una periodista de la TV exitosa, admirada; tiene buen ojo para encontrar las primicias. Una noche, Laplante circula en su viejo auto y ve el aterrizaje forzoso de un avión de pasajeros. Muy a su pesar ayuda a sacar del avión a los accidentados. Continúa su viaje y se encuentra con Bubber quien lo lleva en su camión de cachivaches. Al poco tiempo el periódico ofrece una recompensa de un millón de dólares para el héroe del avión. Bubber se hace pasar por el héroe y empieza para él una nueva vida seguida de mucha popularidad. Al cabo de un tiempo aparece Laplante encarando a Bubber, a quien le propone un trato: Bubber seguirá siendo el héroe a cambio de que le entregue a él parte importante del dinero recibido. Davis descubre que, efectivamente, el verdadero héroe es Laplante, pero guarda silencio y se suma al acuerdo.

Un acuerdo que beneficia a todas las partes. Los tres ganan algo e, incluso, le dan a la opinión pública la oportunidad de tener un héroe a quien admirar. El único inconveniente es que todo ese tinglado está montado sobre una mentira. Los tres mienten, ninguno de ellos se engaña. Han sacrificado la verdad en aras de sus intereses. Y sobre las mentiras no se puede construir nada sólido. Solzhenitsyn en Rusia y Vaclav Havel en Checoslovaquia lo único que tenían para hacer frente al totalitarismo de sus países fue la verdad; ni tanques, ni fusiles, simplemente la verdad.

Piura, 1 de junio de 2013.

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