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Roberto Ampuero, escritor e intelectual chileno, vivió en Cuba entre 1974 y 1979. Allí estudió filosofía y letras. Huía de la dictadura de Pinochet. Antes estuvo en Leipzig estudiando filosofía en la Karl Marx Universität. En Leipzig conoció a Margarita, hija del Comandante Ulises Cienfuegos, hombre importante de la Revolución cubana quien ocupó el cargo de fiscal de la república, persiguió a los contrarevoclucionarios y mandó al paredón a cientos de opositores de Fidel. Su matrimonio con Margarita lo llevó a vivir en Cuba. Son años de uniformes militares verde olivo y de estricta formación en textos de Marx, Engels, Lenin, Fidel y toda suerte de libros de la Unión Soviética, los mismos en los que me formé –también, por aquella época- en la universidad nacional peruana en donde hice mis estudios generales de Letras.

Cuenta Ampuero una anécdota que refleja el ambiente intelectual de esos años. Conoció, en casa de la tía de un amigo suyo de la Isla, a Mario, licenciado en literatura inglesa, un “tronado” político con varios intentos frustrados de huir como balsero. Conversaban de la universidad y Mario le preguntaba “si en la universidad  le habían hablado alguna vez de Maritain, Teilhard de Chardin, Max Weber, Adorno o Heidegger (…) si había leído a Bakunin, Freud y Marcuse o solo a los ideólogos soviéticos…” Ampuero, ruborizado, admitió ignorar todo eso, “pues en nuestra carrera no estudiábamos la ideología burguesa”. El ambiente sectario de mi universidad no era diferente, salvadas escasas excepciones de algunos pocos profesores que se atrevían a decir cosas diferentes. Entre ellos recuerdo con nostalgia a mi profesor de literatura Teodoro Rivera Ayllón, quien nos descubrió la las novelas de Vargas Llosa.

Ampuero forma parte de aquellos jóvenes de pelos largos y pantalones campana que en los años setenta se ilusionaron con los ideales de justicia e igualdad que despertaban las ideologías socialistas de entonces. Vivió por dentro la revolución verde de Fidel y comprobó que la realidad de la isla no se ajustaba ni a los ideales de justicia del discurso político, ni tampoco ofrecía el bienestar que pregonaba. Logra salir de la Isla en 1979, decepcionado de la revolución. Pensando en su hijo y familia empieza a escribir sus recuerdos que terminan en el libro “Nuestros años verde olivo”, publicado en 1999 y revisado en edición definitiva en el 2010. Libro que, junto a las memorias de Neruda y las de Jorge Edwards, están prohibidos en Cuba. “La experiencia del Chile de Pinochet y la de Cuba de los Castro, y de la escritura de esta novela -afirma Ampuero- me enseñaron algo adicional: no hay nada que se parezca más  a una dictadura de derecha que una dictadura de izquierda, no hay nada más parecido al fascismo que el comunismo (…) Para el ciudadano corriente, las dictaduras son todas iguales. Para el que aguarda el interrogatorio en una celda de la seguridad del Estado da lo mismo si su torturador es de izquierda o derecha, es religioso o ateo, cree en el comunismo o en la seguridad nacional”.

En los años setenta, mis compañeros universitarios ya estaban desilusionados de la URSS y de la China comunista. Cuba nunca nos resultó una revolución atractiva. En todo caso, si había que mirar a alguna revolución triunfante, se dirigían los ojos a Albania: tenía la ventaja de que no se sabía nada de ella y, por tanto, se podía especular de que allí sí se hacía la revolución como el manual mandaba, libre de los revisionismos de la época. Cuba no fue suficiente para los ideólogos de Sendero Luminoso y embarcaron a nuestro país en dos décadas de demencia sanguinaria que no deseamos reeditar bajo ningún disfraz ideológico. Si queremos escarmentar en cabeza ajena, vale la pena recorrer con Ampuero la suerte de la Isla, con sueños e ideales incumplidos.

Piura, 6 de enero de 2013.