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La semana que ha transcurrido ha sido especialmente movida en el espectro político chileno. El 28 de octubre se llevaron a cabo las elecciones municipales y para sorpresa de Piñera, los resultados le fueron muy adversos. La Alianza perdió en las comunas en las que la centro-derecha siempre ganaba. Santiago y Providencia, por ejemplo, han pasado ahora a tener alcaldes de la Concertación. Ha sido la gota de agua que derramó el vaso y llevó, entre otras cosas, al cambio de Gabinete recientemente juramentado. Lo más interesante, es que la nueva configuración del Gabinete chileno, libera a los dos personajes más importantes de la Alianza, ambos presidenciables, para que realicen la campaña en vistas de las elecciones presidenciales y parlamentarias que tendrán nuestros vecinos en diciembre de 2013.

En Chile se acostumbra a empezar la campaña electoral con una previa elección primaria. En este caso los posibles sucesores de Piñera son Golborne, un independiente, acogido por la UDI y Allamand del  RN, partido de Piñera. Golborne se venía desempeñando como ministro de Obras Públicas y Allamand tenía la cartera de Defensa. La carrera ha empezado entre ellos y, aunque no haya declaraciones explícitas, todo hace pensar que la Concertación se presentará a esta justa electoral con Bachelet por delante. Ninguno de los otros líderes políticos que conforman la Concertación tiene el carisma y la llegada de la ex-presidenta.

Los titulares de las Carteras han rotado, pero hay una que no se ha movido: es la de la Relaciones Exteriores. Allí está el Canciller Alfredo Moreno, hombre de confianza de Piñera y, aunque se rumoreaba que él podría ocupar la cartera de Defensa, no se ha producido tal cambio. La lectura parece clara, al gobierno chileno no le interesa el más mínimo movimiento que pueda desatender la disputa en La Haya con el Perú, asunto que, ciertamente, no está en la comidilla política de la calle; pero que es una preocupación estratégica de la gran política chilena: las querellas limítrofes acarrean, además de discusiones jurídicas, una gran carga emocional que pone a flor de piel los sentimientos patrios de unos y otros. Los alegatos peruanos ya están presentados, faltan los alegatos chilenos y allí Moreno es figura imprescindible.

Piñera es consciente, al igual que la Alianza, que las próximas elecciones del 2013 no es pan cortado. La “derecha” a secas no existe en Chile. La Alianza se ha presentado como “centro-derecha”. Digamos que la sombra de Pinochet pesa mucho en el espectro político chileno y por eso los políticos liberales toman distancia y prefieren el calificativo de centro-derecha. Si todo fuera cuestión de números las elecciones del 2013 deberían dar por ganador a la Alianza. El FMI ha proyectado un ingreso per cápita de 18 mil dólares para el 2012, pero se ha quedado corto, pues será de 19 mil, y esto porque en el último censo nacional faltan medio millón de chilenos. Es decir se estimaba que  la población llegaría a 17 millones y sólo hay 16 millones y medio. La buena noticia es que nominalmente toca a más por persona, la mala noticia es que no se crece sino que disminuye la población: mal asunto para el mercado interno y, también, para la educación escolar. Ya se habla de cerrar colegios si se mantiene esta tendencia.

Cada país tiene su historia y su propia sensibilidad social. El actual gobierno sabe que tiene que oír más a la gente y que la inclusión social no es sólo un cliché. La brecha rico/pobre aún tiene que acortarse, pero tal parece que todos los grupos políticos quieren mantener el dinamismo de la economía chilena, respetuosa de la inversión privada interna y externa. A Piñera y a su nuevo Gabinete le queda un largo año de trabajo y las políticas de inclusión podrían ser el ingrediente que le falta a la fórmula de la centro-derecha para medirse con la Concertación en la reñida campaña electoral que se avecina.

Piura, 10 de noviembre de 2012

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