La radio sigue siendo para tantos una buena compañía para escuchar noticias y música. Entre canción y canción o en las tandas de noticias, se insertan los spots comerciales de todo tipo. Los que escuchamos radio captamos sonidos, melodías, voces y del conjunto del mensaje nos quedamos con alguna idea del spot. Comerciales, en su gran mayoría, de corta duración, ágiles y de ordinario de buena factura. El problema de algunos de ellos está en la parte final, cuando una voz a toda velocidad anuncia las particularidades de la oferta. Un anuncio necesario para que el consumidor sepa a qué atenerse y que, además, está mandado por ley. Está dicho –en muchos casos- tan rápido que no hay forma de enterarse del contenido de esa parte final del mensaje. Un comercial que pudo ser bueno, se convierte en un garabato de publicidad, una burla de la ley y del consumidor.

               Hay varias aristas en el problema y ninguna de ellas habla bien del comercial, de la agencia responsable ni del anunciador. En primer lugar es una falta de respecto al oyente y una ofensa al buen gusto. No tiene ninguna gracia emitir sonidos que simulan una voz a más revoluciones de las que un oyente promedio puede atender. Cuando escucho esos spots no puede evitar sentir irritación ante ese mal gusto que desdice de quién hizo el encargo y del creativo. ¿Cómo se puede firmar un documento, un texto, un guión, que de suyo se sabe lastrado con tamaña ofensa? De ahí que, además de ser una burla a la ley, es en primer lugar un atentado contra el buen arte del hacer publicitario. Lo asombroso es que se sigue haciendo.

               Hagamos un repaso rápido de la ley. Las normas de defensa del consumidor en temas de publicidad -en lo que a esta materia se refiere- están reguladas por el Decreto Legislativo 1044 Ley de represión de la competencia desleal (artículo 17.3) y por el reciente Código de protección y defensa del consumidor (artículo 14.2). Sin abundar en tecnicismos basta recordar que esta última norma prescribe que “cuando existan condiciones y restricciones de acceso a las promociones de ventas, éstas deben ser informadas en forma clara, destacada y de manera que sea fácilmente advertible por el consumidor en cada uno de los anuncios que las publiciten o en una fuente de información distinta, siempre que en cada uno de los anuncios se informe clara y expresamente sobre la existencia de dichas restricciones, así como de las referencias de localización de dicha fuente de información”. A simple oído, esas voces apuradas como alma que lleva el diablo no informan nada. Son una simple burla a la ley.

               Hacer un buen comercial es todo un arte. Qué lástima que esta coletilla final oscurezca la calidad del mensaje publicitario. La primera y mayor transgresión de estos comerciales es, como ya dije,  contra el arte publicitario. Han colocado las primeras piedras con sumo cuidado y olvidan la excelencia que debe tener, también, la última piedra. Entiendo que anunciar restricciones de las ofertas no pega con el spot en sí mismo. Es un agregado que puede sonarle al creativo a pura coerción de la ley. No le falta razón, pero la solución no está en burlar la ley y en burlarse del consumidor. Hay que pensar más, ser más creativos y cuando menos volver a poner voces a ritmo de vals y no disco en revolución equivocada. Son demasiadas infracciones en tan poco tiempo que dura el comercial. Volvamos a la cordura y tomémonos en serio las normas de defensa del consumidor. En esto INDECOPI tiene la palabra.

Piura, 31 de agosto de 2012.

 

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