La historia del Perú tiene, en el maestro José Agustín de la Puente Candamo,  a uno de sus más preclaros cultores. La independencia del Perú, la emancipación hispano-americana, el pensamiento de los gestores de la peruanidad, la identidad peruana han sido materia de los largos y fecundos años de su investigación. Sus libros son de consulta indispensable para quien desea conocer esta etapa tan crucial de nuestra historia. Cumple en este mes noventa años de vida y sigue trajinando entre las aulas y los archivos, con la misma serenidad y afabilidad de aquellos primeros encuentros con él, hacia finales de los setenta en las aulas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, de la que es uno de sus profesores más señalados.

Asistí a muchas tertulias que tenían como invitado a don José Agustín. Con él descubrí lo que en mis clases universitarias de historia se silenciaba: la generación del Novecientos. Con la viveza y ecuanimidad que siempre lo han caracterizado, empezaron a serme familiares Víctor Andrés Belaunde, Francisco y Ventura García Calderón, José de la Riva-Agüero. Resultaba que la historia de las ideas en el Perú no se reducía sólo a Mariátegui, Luis Alberto Sánchez, Valcárcel o Haya de la Torre, había más. A lo largo de su trayectoria intelectual, el profesor de la Puente ha dado testimonio de compromiso y amor al Perú que ha sabido expresar en su variedad y unidad. Un Perú en el que caben todos, sin rencores, con todos los colores. Peruanidad e identidad, en síntesis viviente, que no excluye las raíces de su historia y mira con optimismo el futuro inmediato.

En una de esas conversaciones en su casa de Pueblo Libre, a propósito del “Pizarro” de Porras Barrenechea que por entonces leía, me comentó que Porras fue un hombre con profundo sentido del ridículo. Es decir, era una persona medida, nada dada a exageraciones, provocaciones o salidas de tono. He pensado en este rasgo de la personalidad que algunos tienen y lo he asociado a aquella enigmática definición que otro gran intelectual español de los años cincuenta, Angel López Amo, dio de la “elegancia”. Dijo: “es la fuerza contenida”. Y ciertamente, la elegancia tiene mucho de fuerza medida. Cuando falta la contención, el cuerpo y el alma se desparraman; cuando se exagera la contención, la persona se acartona. Admiro la elegancia humana e intelectual del profesor de la Puente. Ponderado en sus juicios y benevolente con quienes discrepa en el campo de las ideas. He visto en su pluma y en la sencillez de sus expresiones el mejor ejemplo del caballero cristiano  que sabe distinguir entre el respeto debido a toda persona y la crítica alturada a las trayectorias vitales que todo historiador está llamado a valorar.

El profesor de la Puente continúa sus clases en la Católica y es, también, profesor visitante de la Universidad de Piura. La primera lección inaugural de 1969 con la que inicia su vida la UDEP la dio don José Agustín: “Piura en tiempos de la Emancipación”. Su labor de investigación no ha parado. En el 2008 publicó “El Perú desde la intimidad”, epistolario del presidente Candamo, cuyos archivos se conservan en su solariega casa de Pueblo libro, Orbea, de arquitectura colonial que el próximo año cumple 250 años de construcción. Historia, amor por el Perú, talante universitario, sereno sentido cristiano de la vida, hombre de su tiempo, testigo de excepción de nuestra historia republicana. Me uno a las muestras de aprecio que tantos desean expresarle en este aniversario redondo y le agradezco su contribución a la vida intelectual de nuestro país.

Piura, 19 de mayo de 2012

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