En el mes de julio la prensa inglesa salta a primera plana. La noticia sorprende, Rupert Murdoch, dueño del imperio mediático News Corporation anuncia que el diario News of the World (NOW) cerrará a consecuencia del escándalo levantado por escuchas telefónicas ilegales. Un caso, aún abierto a la investigación que incluye, además, corrupción y encubrimiento. El diario en cuestión, hasta el último momento de aparición, tenía una tirada de más de dos millones y medio de ejemplares. Tabloide sensacionalista, nutrido con noticias de agua estancada maloliente. Prensa amarilla por donde se la lea, con una lectoría fiel a niveles astronómicos de tirada.

El espionaje telefónico va desde la Casa Real Británica hasta la pequeña Milly Dowler, asesinada en el 2002, cuyo buzón de voz de su celular fue intervenido. Murdoch y sus lugartenientes han comparecido ante la Cámara de Comunes. Presentaciones patéticas en donde han negado que tuvieran conocimiento de esas prácticas al interior del diario. El primer ministro David Cameron, también, ha declarado, pues en su equipo de prensa tuvo periodistas vinculados a NOW. Altos jefes de Scotland Yard han dimitido, tras las acusaciones de haber minimizado investigaciones previas. Todo un caso al mejor estilo de la prensa sensacionalista, la misma que practicaba NOW.

En paralelo, pienso en nuestras escuelas de periodismo y en la responsabilidad de formar buenos periodistas para la dirección de los diarios y para el trabajo en la redacción o en la calle. Después de todo, una cadena no la hace un eslabón sino muchos y, así, la cadena del mal o la del bien tienen multitud de actores. La investigación determinará cuánto de responsabilidad tiene Murdoch y la línea de mando; pero no olvidemos que NOW – y toda la prensa del escándalo (en cualquier soporte)- no la hace sólo el director o conductor, es todo un equipo preparando el producto para los millones que están detrás de la pantalla. La tentación del rating, las grandes tiradas, la primicia, el poder, el dinero, la fama acechan continuamente la labor del periodismo y pueden debilitar los deberes y compromisos éticos del oficio.

¿La noticia a cualquier precio? No. Llega un momento –y a NOW le llegó el suyo- en que la indignación puede más que el morbo y la complicidad delictuosa. La decencia despierta y nos dice que las cámaras ocultas, los chuponeos telefónicos, el tráfico de las honras e intimidades, la mentira, la información mal habida no son moneda de buena ley. En una economía libre, los medios tienen que vender o desaparecen del mercado. Pero las ventas no nos tienen que hacer olvidar que los periodistas ponemos en forma hechos y opiniones ajustados a la realidad. Faltar a la verdad, forzarla, desfigurarla, traficar con ella, dañar al prójimo desacredita nuestro oficio y nos malogra como personas.

Necesitamos bocanadas de aire fresco y manos limpias que escriban su texto conseguido trabajosamente y en buena lid. Murdoch está ahora en el banquillo de los acusados y junto a él está toda la prensa amarilla, aquella que fabrica y vive del escándalo, de la fragilidad de la víctima y del morbo del lector. Malos tiempos para ese periodismo. Muy buenos tiempos, en cambio, para el periodismo serio, aquel –dice García Noblejas- “que distingue en conciencia lo bueno de lo malo y lo hermoso de lo feo, lo posible de lo imposible y lo deseable de lo indeseable”.

Piura, 31 de julio de 2011.

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