Recuerdo que en enero del año pasado encontré una España golpeada e inquieta por la crisis económica. La oveja negra era, entonces, Grecia que recibió una buena ayuda económica por parte de la Unión Europea. Año y medio después, me encuentro con una Europa en situación de alerta roja que, incluso a mí, que suelo ser optimista, me causa alarma. El nuevo rescate económico que el eurogrupo ha dado a Grecia, con una ayuda de más de cien mil millones de euros y la participación a regañadientes de la banca privada, ha caído como agua de mayo en las bolsas europeas, las cuales han levantado cabeza, después de muchos cierres en rojo durante estos días. La euforia no ha durado mucho, dado que hay quien ha calificado la salida como una situación de impago parcial. Se hacen castillos, pero con naipes y, al primer vendaval, se desploma el edificio.

La voz cantante la llevan Angela Merkel y Nicolás Zarkozy. Hicieron la agenda en Berlín y la llevaron hecha a Bruselas para su aprobación. La Unión Europea defiende a toda costa al “euro” y le pide a todos sus socios que se ajusten el cinturón, es decir, que reduzcan el gasto fiscal y tomen medidas del más claro corte liberal para sanar al muy herido Estado de Bienestar que no sabe cómo cumplir con las tantas prestaciones sociales, laborales, sanitarias, educativas que debe a sus ciudadanos. En este ambiente de ajuste se entiende la reciente ley aprobada por el pleno de los diputados españoles por la cual se alarga la edad de jubilación de 65 a 67 años.

Como era de esperar, a los que les va muy bien son al oro y a los francos suizos que siguen en alza. Los bancos españoles tampoco se pueden quejar porque pasan airosos las pruebas de stress económico a las que son sometidos. Ellos son los que mejor han navegado en estas revueltas aguas de la economía europea. Pero, ¿con el nuevo rescate a Grecia vamos camino de solucionar el problema en serio? Discuten autores y aquí me hacen falta mis amigos economistas -que no los tengo a mano- para cruzar información. Mi impresión, por lo que leo, oigo y miro es que el salvavidas a Grecia es sólo eso, un flotador para que no se hunda el paciente, pero que a la menor ola, vuelve el sofocón.

Lo que está en juego es el Estado de Bienestar y no la economía liberal. Como lo dije en otro momento, mi impresión es que por estas latitudes sobran los indignados y escasean los emprendedores. La mentalidad de funcionario no ayuda para salir de estos huecos económicos y, precisamente, en eso están los gobiernos europeos, tratando de aligerar la carga burocrática que llevan encima y procurando reanimar al emprendedor, sutilmente adormecido por las políticas asistencialistas de un Estado que estira el brazo más allá de la manga. La política está clara, la realidad es otra. No todos están dispuestos a fajarse. Para muestra basta mirar las reacciones en Grecia: miles de personas en las calles protestando contra las medidas de ajuste. En el otro lado del Atlántico, nuestro vecino, el gran país del Norte, con Obama a la cabeza, también sufre del mal del gasto. Se espera que el Congreso le apruebe un mayor techo de gasto fiscal.

Ya no voy a cargar más las tintas y dejo para otra ocasión el caso Murdoch que ha hecho temblar a la flemática Inglaterra. Pero, sí quiero solidarizarme con el pueblo Noruego, aún recuperándose de los terribles atentados criminales de estos días. El caso de Somalia es, igualmente, lacerante. En medio de este panorama, me traslado con la mente al Perú y veo un país con un presente envidiable para cualquiera de mis contertulios españoles. Un país que tiene las condiciones para seguir creciendo económicamente y que debe practicar una mayor inclusión social, desde luego. Estamos ligeros de equipaje y eso es una gran ventaja. No cargamos con las mochilas que llevan nuestros vecinos del Norte y tenemos una cultura del emprendimiento ganada a pulso, capaz de generar riqueza verdadera, aquella que se come y no sólo se piensa. Vayamos paso a paso y trabajemos con espíritu emprendedor y solidario: agradezcamos lo que tenemos, nos ha ido bien y nos puede ir mejor. Francisco

Zaragoza, 23 de julio de 2011.

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