De todos los planes de gobierno que se presentaron en las elecciones presidenciales, la propuesta de Humala –la de la “gran transformación” original- me ha parecido la más precaria de todas, un retroceso en ideas y estrategias. Terminada la segunda vuelta ya tenemos presidente electo con hoja de ruta incluida. Los entendidos han hablado y nos explican lo que ha pasado animándonos a mirar hacia adelante. Estoy de acuerdo, pero ¿cuál delante?

Quizá, todavía, es prematuro tener el plano completo del rumbo que tomará el país en unas pocas semanas. Se oyen declaraciones y voces de representantes de Gana Perú que, en líneas generales, intentan calmar los temores del huidizo dinero y de las expectativas de los ciudadanos de a pie. Son clamores aislados que no acaban de armar el rompecabezas por más que Vargas Llosa nos asegure que Humala no hará experimentos con las finanzas de los peruanos y la CONFIEP quede en paz beatífica después de su reunión con el presidente electo. Acto seguido, un viaje de reconocimiento latinoamericano que empieza en Brasil y termina en Venezuela.

Entendemos que el guión válido es la hoja de ruta y no el voluminoso plan original. Si es así y la palabra empeñada vale, es un alivio para las angustias vitales (no de todos, desde luego), cuanto menos a nivel de esperanza. Y todo pareciera indicar que la hoja de ruta debería ser el libreto que manejen todos los actores del elenco de Gana Perú, después de todo, ese programa es el que ha aglutinado al 51.5% del electorado que ha votado por esta opción: respeto por el modelo económico, dejar tranquila a la Constitución Política, generar riqueza para distribuir, entre otras buenas intenciones (me quedo con las buenas y dejo de lado los exabruptos de algunos exaltados moralistas de primera y de última hora).

Fácil, lo que se dice fácil, no la tiene Humala, pues no sólo debe gobernar en medio de la diversidad cultural y económica, sino también, en medio de la diversidad política. Quiero decir, Humala ha de gobernar no con sus mejores ideas, sino con las mejores ideas de todos los peruanos, también de ese 48.5% que no votó por él. ¿Concertar? Sí, y es un buen comienzo. Las fuerzas políticas están lo suficientemente fragmentadas como para erradicar cualquier tipo de carpetazo atronador en el Congreso y, ahora más que nunca, unos buenos medios de comunicación libres para informar y opinar –con la camiseta que deseen- serán de vital importancia para animar los largos debates que se abrirán en el futuro próximo: el ágora política se abre y se pone picante.

Miro con optimismo el futuro porque veo la promesa peruana que se alza por encima de las coyunturas políticas, también sobre ésta. No hace falta un mesías político. Requerimos un buen gobernante que articule la diversidad y de pase a las soluciones pacíficas. Confío en que conservaremos y haremos crecer lo ganado, con una cuota mayor de inclusión social. Pero nada de facilismos, la cultura emprendedora que hemos generado en los últimos años nos ha sentado muy bien, hay que agregarle reglas equitativas que distribuyan mejor el bienestar y la riqueza, pero también el trabajo: la cultura de gritar y extender la mano sin trabajo que lo respalde lleva a un asistencialismo que debilita a todos.

Piura, 9 de junio de 2011.