En los años ochenta se puso de moda varias versiones de la película “¿Y dónde está el piloto?”, una comedia que hizo reír a muchísimos. Piloto y copiloto se enferman y tiene que tomar el mando un ex piloto que viajaba en el avión, dándose situaciones de pánico que derivaban en escenas de risa. La ciudad de Piura es ahora (el casco urbano) un caos con las  pistas y veredas rotas, tierra por doquier, atoro vehicular, negocios cerrados, etc. Los vecinos sufrimos los  problemas. ¿Quién dirige todo? ¿Quién nos da una explicación? ¿Quién nos protege de las palas mecánicas, aniegos de aguas servidas? Estamos navegando sin piloto y nadie ríe de contento, ¿dónde está la alcaldesa?

La ley de descentralización  y la de gobiernos regionales recogen un principio de buen gobierno: el principio de subsidiariedad. En términos sencillos significa que lo que puede hacer bien el gobierno local (el municipio) que no lo haga el regional, que lo que haga bien el gobierno regional que no lo haga el nacional. Prueba de fuego para la alcaldesa: que sea capaz de gobernar la ciudad y sea merecedora de la subsidiariedad ganada. Aún no lo ha conseguido y, si César Vallejo decía que de su vida dura habían sido testigos “los días jueves y los huesos húmeros, la soledad, la lluvia, los caminos”; podemos decir que del desgobierno municipal son testigos las calles rotas, las quejas de los vecinos y un barco a la deriva en busca de un buen timonel.

La esperanza que tenemos los vecinos es que del caos de ahora saldrá remozada la Piura de mañana, pero ya podrían las autoridades ediles hacernos más llevadero estos largos meses de incomodidades. Sólo les pedimos una cosa elemental: gobiernen, asuman el mando, vuelvan a la cabina de control y supervisen las obras en construcción.  Un municipio es el corazón de la ciudadanía y el alcalde es el guardián de los vecinos: de todos, de los chicos y de los grandes. En la ciudad vivimos, trabajamos, descansamos, es nuestra casa grande. La alcaldesa tiene, ahora, el deber de hacer muy bien su oficio a favor de los vecinos y no en contra de ellos. Si hay algo que hemos aprendido en todos estos últimos años de marchas y contramarchas (piénsese en los decretos legislativos sobre el uso de los recursos de la Amazonía), es que no hay tarea pequeña o grande que no tenga que contar siempre con el consenso de los implicados y con el consejo de los que saben. Ya no están los tiempos para caballazos de ningún tipo. Devolvamos la majestad al gobierno local, sabiendo que su majestad no es el alcalde, sino el vecino.

Señora alcaldesa: obras son amores y no buenas razones reza el sabio refrán popular. No bastan los buenos deseos. A lanzarse al ruedo, esto es, a la calle, a la zanja, a respirar polvo y ensuciarse los zapatos con lodo y arena. Control, fechas, cronograma, comunicación a los vecinos. Que podamos quejarnos ante alguien de carne y hueso con capacidad de decisión. Para un negocio, cada día cuenta en las ventas. Ya está bien de caminar toreando palas mecánicas, taladros, huecos y puentecitos que arrancan de los transeúntes lamentos y no suspiros. Sobre todo, nos gustaría contar con un efectivo gobierno local que saque la cara por los vecinos y nos devuelva la fe en los gobernantes.

Piura, 11 de mayo de 2011

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