Tenemos once fórmulas presidenciales inscritas y en carrera a la búsqueda de la presidencia del Perú. Si nos atenemos a los resultados de las periódicas encuestas a  la que es sometido el elector, son cinco los pretendientes con mayor favor popular: Perú Posible (Toledo), Fuerza 2011 (Keiko), Solidaridad Nacional (Castañeda), Gana Perú (Humala) y Gran Cambio (PPK). El arco de preferencias va del 30% al 4%. Me pongo en el caso del elector que desea emitir su voto informado e ingreso a la web del Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Están allí los planes de gobierno de estas fórmulas y las restantes. El más pequeño, el de PPK tiene 38 páginas; el más extenso, el de Humala, tiene 197 páginas. El resto gira alrededor de las 60 páginas.

Dejo a mis amigos entendidos en demoscopia averiguar al término de las elecciones cuántos han visitado la web del JNE para leer los planes de gobierno. De sólo pensar la cantidad de páginas que hay que leer ya de vértigo y si, como afirma Alfredo Torres (“Opinión pública 1921-2021”, Santillana, 2010) sólo el 25% de la población urbana forma parte “público atento” (informado e interesado en temas políticos), no parece que vaya a haber avalanchas de electores saturando la web del JNE.

A duras penas he revisado los planes de gobierno de los cinco grandes e intento seguir el discurso de ellos en estos días. Salvo Humala que tiene una propuesta lastrada por la ideología de izquierda –trasnochada para mi gusto- los restantes sólo ofrecen diferencias de grado, tonalidades de gris, pero el mismo modelo político-económico más bien de corte liberal. Todos ofrecen reducir la pobreza, fomentar la inclusión social, elevar la calidad de vida, luchar contra la corrupción, etc. En esto hay una continuidad que va de Fujimori a nuestros días. Esperaba que alguna de las propuestas me hablara del Perú, por lo menos del que ha aparecido en las últimas elecciones regionales. Es decir, un Perú regionalista en el que se nota la riqueza de la pluralidad. Es el Perú que no es sólo Lima y provincias. Es el Norte, el Centro y el Sur. La costa, la sierra y la selva. O el Perú de las ocho regiones naturales de Pulgar Vidal. Los grandes partidos políticos, los que están en carrera ahora, no son los que han ganado las elecciones regionales, ¿a qué Perú pretenden representar?

Los cinco grandes en juego saben lo que quieren. Sus planes de gobierno están llenos de objetivos –bien, porque ya les pediremos cuenta de lo que ofrecen-, pero no han esbozado una “misión” que los peruanos podamos compartir ilusionados. Hay mucha eficacia, pero poco fervor. Son propuestas de vaso de leche mejorado, pero no hay sueños. Los candidatos sonríen, se  mueven, buscan efectos de cámara, regalan souvenires, pero ya no son capaces de mirar alto. ¿Estoy pensando en un caudillo? No, estoy pensando en un líder capaz de ofrecerme un sueño, refrendado por los valores que encarna y por la profundidad de su propuesta. ¿Acaso usted no quiere mejorar su poder adquisitivo? Desde luego, pero también deseo participar en la construcción de un Perú que le de sentido al uso de mi dinero. Reflexiones como éstas no pienso que le quiete el sueño a ningún jefe de campaña, atento más a los resortes que mueven el voto inmediato del electorado, pero no debemos dejar que lo urgente ahogue la búsqueda de una misión compartida que una a todos los peruanos.

Cañete, 8 de febrero de 2011

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