A diferencia de nuestra agónica forma de conteo electoral que nos impide saber a la fecha quien es la ganadora de la alcaldía de Lima o de la de Piura, en Brasil, gracias a su sistema electrónico de voto, Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores (PT) y José Serra del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB) se encuentran en reñida campaña para medir fuerzas este 31 de octubre en la segunda vuelta electoral. La campaña, como lo hemos podido leer o ver recientemente, ha tomado un giro explícitamente religioso, sobre cuyo sentido conviene indagar.

Parte del misterio está en el Partido Verde de Marina Silva, ex partidaria del PT, que sacó el 20% de los votos en la primera vuelta. Marina Silva, además de llevar una propuesta ecologista, es de confesión evangélica (pentecostal) y se declaró contraria al aborto desde un inicio. Esta claridad de su propuesta le llevó a capitalizar a su favor el voto de los evangelistas y creyentes temerosos de que Rousseff pudiera legalizar el aborto.  La defensa de la vida es, pues, un asunto sensible que José Serra ha aprovechado para acusar a  Rousseff de ser partidaria del aborto y de no tener creencias religiosas definidas.

El asunto no es de poca monta. Ya hay un antecedente en la historia electoral brasileña. En 1985,  Henrique Cardoso disputaba la alcaldía de Sao Paulo contra Janio Quadros. En un momento de la entrevista se le pregunta a Cardoso sobre la existencia de Dios, él tartamudeó  y dio una respuesta poco convincente. Quadros explotó esta debilidad de Cardoso y la capitalizó a su favor frente a un pueblo como el brasileño que tiene la población más grande de católicos en el mundo y en donde las confesiones pentecostales van en continuo aumento. Quadros ganó las elecciones municipales.

En estos temas Serra lo tiene más fácil por aquello que el que golpea primero golpea dos veces. La última encuesta le da a Rousseff un 46% frente al 42% de Serra. Un empate técnico. Se ha reducido el amplio margen de 14% que le llevaba a Serra en la primera vuelta. Le ha faltado tiempo a Rousseff para negar que ella sea partidaria del aborto y afirmar que sí tiene creencias religiosas definidas. Inmediatamente visitó el Santuario Nacional de Nuestra Señora Aparecida, Patrona de Brasil, donde la filmaron asistiendo a Misa. Incluso ha ofrecido que se compromete a no presentar leyes que puedan ofender a las creencias cristianas.

Si hace un par de meses Rousseff era la indiscutible ganadora, ahora ya no es así. Dicen algunos analistas que la contienda política ha tomado el cariz de guerra santa. No me lo parece. Sigue siendo una contienda política en un país como Brasil o como cualquier otro país latinoamericano en donde la cosmovisión religiosa forma parte de la identidad cultural y tiene ganada un sitial en el espacio público. La religión no es sólo una cuestión íntima, es también sociología e historia y eso ningún político lo puede ignorar, por eso Rousseff está jugando ahora sus cartas para ganarse al elector creyente.  ¿Se trata de verdaderas convicciones o es pura pose? ¿Es simple estrategia de marketing político? Puede haber de todo, pero es cierto que, como diríamos, por acá, con el Cautivito no se puede jugar.

Piura, 15. X. 10

Anuncios