La inauguración oficial de la explotación minera de roca fosfórica de la empresa brasileña Vale en Sechura ha sido una gran noticia que abre un abanico de oportunidades para nuestra Región: no sólo fosfatos sino, también, la posibilidad de fabricar fertilizantes, es decir más valor agregado, más riqueza y más trabajo. ¿Qué significa tener a una empresa brasileña trabajando con nosotros y, en definitiva, que significa tener a Brasil como socio?

Debo decir que siempre me ha resultado más fácil entender, en parte, a nuestros vecinos hispanos: Chile, Colombia, Ecuador, Venezuela. La economía y la política del gigante brasileño me han sido más esquivas. Me he quedado con el buen futbol, el carnaval de Río, la Samba, el Bossa y poco más. De hecho, en estos días que he podido dar unas vueltas por las librerías limeñas, después de los libros en español, lo siguiente son las novelas y libros en inglés, el portugués no forma parte de nuestra cultura literaria. Pero a falta de libros, ahí están las empresas brasileñas en el Perú y los dos grandes tramos de las carreteras interoceánicas Norte y Sur acercando nuestras fronteras.

Pero este año no sólo nos une con Brasil los fosfatos de Sechura. Por esas coincidencias de la historia, el 3 de octubre, ambos países viviremos un especial momento político: acá, elecciones municipales y regionales; allá, elecciones presidenciales. Hasta el momento, pareciera que la candidata de Lula da Silva del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff lleva las de ganar, aventajando a su rival más cercano, José Serra del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), en cinco puntos de intención de voto. No hay partidos de derecha en la contienda. Los otros dos pequeños grupos son el Partido Verde y el Partido Socialismo y Libertad, que aglutina a la pequeña izquierda radical.

Me ha llamado la atención que en el primer debate televisivo entre los candidatos presidenciales, no se ha tocado el tema de la economía y es que, en términos macroeconómicos, ésta marcha bien. ¿Cómo se ha llegado a esta estabilidad económica? ¿Es mérito de Lula? Me parece que para hallar la respuesta hay que remontarse a la reciente historia política brasileña. Los veintiún años del gobierno militar (1964-1985) no pasaron en vano. Ciertamente, fueron un recorte de las libertades democráticas que impidieron la “cubanización” de Brasil y, a la vez, crearon la imagen que la gente de mi generación hemos guardado de este país: las grandes obras. Ahí está el embalse e hidroeléctrica de Itaipú (hasta hace poco “la más grande del mundo”), la carretera transamazónica (casi 4,000 kms.) y las centrales atómicas (Angra I y II).

La vuelta a la democracia con Tancredo Neves -prematuramente fallecido antes de la asunción de mando- agudizó la fragilidad de la economía con una marcada tendencia a la hiperinflación, frenada solamente en el gobierno del presidente Itamar Franco (1992-1995) y su ministro de economía –futuro presidente por dos mandatos- Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), quien ideó el Plan Real, mecanismo por el que se estabilizó la economía. A esto se sumaron privatizaciones de grandes empresas públicas (siderúrgicas, Telebrás, Eletropaulo y la misma Vale do Rio Doce). El modelo de rasgos liberales fue duramente criticado por la oposición, que reclamaba una mayor inclusión social. Esta fue la bandera de Lula da Silva que le permitió llegar al poder en el 2003, mandato que renovó por segunda vez hasta el presente, con gran apoyo popular. El discurso ha sido populista, pero los indicadores macroeconómicos no han mudado. Dilma Rousseff es más de lo mismo. Habremos de esperar hasta el 3 de octubre para saber si el pueblo brasileño quiere más harina del mismo costal o se decide por el cambio.

Chosica, 6 de agosto de 2010

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