Ítalo Calvino, uno de los más grandes narradores italianos de fines de siglo, encontró en los dioses romanos Vulcano y Mercurio (Hefesto y Hermes para los griegos) una buena metáfora para representar dos funciones vitales -inseparables y complementarias- que perfilan al profesional del nuevo Milenio: el saber hacer y el saber estar. Saber hacer que se manifiesta en excelentes competencias cognitivas y saber estar como sintonía y capacidad de articulación con el mundo.Aunque ambos dioses son hijos de Júpiter (Zeus), no dejan de ser dioses menores. Vulcano es más bien gris y oscuro. Luce poco, pero trabaja mucho y muy bien. Es el custodio del fuego y en las profundidades de la tierra forja en su fragua las armas y ornamentos de los dioses. En la habilidad de sus manos no tiene rival. Mercurio, el de los pies alados, por el contrario, borda las relaciones públicas. Es el mensajero de los dioses, se mueve con facilidad llevando bienes y recados de un lado a otro. A la rapidez de movimientos se unen sus capacidades asertivas que le permiten establecer relaciones saludables y duraderas con los dioses y los hombres, no en vano es el dios de los comerciantes. Vulcano simboliza el trabajo silencioso y disciplinado. Es crecimiento hacia adentro, tiempo de maduración, esfuerzo concentrado en un foco específico de conocimientos. Al cabo de los años esta formación continua cristaliza en lo que Carlos Llano ha llamado “competencias arborescentes”: un tronco que identifica nuestro saber hacer y unas ramas que se renuevan constantemente en conocimientos que dan amplitud a la especialidad. Y ya sabemos que en el campo de la capacitación no podemos dormirnos.

Hemos de preguntarnos con frecuencia qué sabemos hacer muy bien y la respuesta ha de ser rápida y concreta como cuando preguntamos qué sabía hacer muy bien Forrest Gump (el de la película del mismo nombre) y respondemos: ¡correr! Si tardamos en responder o nuestra respuesta es demasiado larga, es muy probable que nos haga falta más horas de trabajo junto a Vulcano. Saber hacer es mucho, pero no lo es todo. Necesitamos, también, de la movilidad y rapidez de Mercurio para que los esfuerzos agotadores de la capacitación continua den frutos de eficacia en las organizaciones en las que trabajamos. Unas buenas competencias relacionales son un aporte neto al buen clima laboral, en donde exigencia y buen humor dan como resultado relaciones laborales altamente eficientes. El saber estar es, por tanto, don de gentes que teje relaciones humanas cálidas: lo que no consigue la exigencia destemplada y el gesto adusto, lo consigue la sonrisa franca y la palabra afectuosa. Y si es verdad que lo que define a un buen directivo es, más que la administración de las cosas, el gobierno de las personas que tiene a su cargo, entonces salta a la vista que sus mejores tiempos los ha de emplear tejiendo relaciones con su gente. Si no fuera así, le convendría tomarse un buen stage en la escuela de Mercurio.

Piura, 14. III. 07

Anuncios