En diciembre del año pasado estuvo entre nosotros Claudio Magris, uno de los intelectuales italianos más lúcidos de nuestro tiempo: narrador, articulista, ensayista, profesor universitario y candidato a Premio Nobel. En esa ocasión sostuvo un largo coloquio con Mario Vargas Llosa en el Museo de la Nación hablando de la novela y la cultura. Por las crónicas de esos días, sabemos que se trató de una velada cultural deliciosa.

Uno de sus últimos libros de ensayos, “La historia no ha terminado. Ética, política y laicidad (Anagrama, 2008)”, es una buena muestra de la calidad y agudeza de su pluma. Está compuesto, principalmente, de los artículos que ha escrito en el “Corriere della sera” desde 1998 al 2006. En ellos “se habla de laicidad, liberada del equívoco que la contrapone incorrectamente a la fe; de la necesidad y de los límites del diálogo entre culturas; de las relaciones entre la Iglesia y el Estado o entre ética y derecho; del espíritu religioso; de la creciente regresión irracionalista”; entre otros temas igualmente polémicos y que conviene leer a sorbos.

No es un pensador  políticamente correcto y es de agradecer que así sea en estos tiempos en los que se cede tan fácilmente a las presiones de grupos, a los intereses menudos, a las encuestas  y a las modas. Al igual que la heroína Antígona, quien obedeciendo a las leyes no escritas de los dioses dio sepultura a su hermano pese al mandato del rey Creonte que prohibía hacerlo bajo pena de muerte, Magris considera que “la ley positiva, por sí misma, no es legítima –ni siquiera cuando nace de un ordenamiento democrático o del sentimiento y la voluntad de una mayoría- si atropella la moral; por ejemplo, una ley racial que sancione la persecución o el exterminio de una categoría de personas no sería justa ni siquiera si fuera votada democráticamente por una mayoría en un parlamento legalmente elegido, cosa que podría suceder o ya ha sucedido”. El holocausto judío es una terrible muestra de esta fragilidad institucional.

Ahora bien, ¿cómo saber si  esas leyes no escritas son de los dioses, es decir son principios universales, y no meros prejuicios particulares?  Magris  entiende que no todo da igual y aún cuando toda elección sea dificilísima, una sociedad sensata no debe renunciar al uso de la razón y al buen juicio, distinguiendo entre valores negociables y valores no negociables. En este sentido, dice  “estamos justamente convencidos de que el amor cristiano al prójimo, los postulados de la ética kantiana que exhorta a considerar siempre a todo individuo un fin y jamás un medio, los valores ilustrados y democráticos de la libertad y tolerancia, los ideales de justicia social, la igualdad de derechos de todos los hombres en todos los lugares de la tierra, son fundamentos universales que ningún Creonte, ningún Estado puede violar”.

Pero la arbitrariedad y el desatino no sólo anidan en el Estado. También, la misma sociedad ha perdido consistencia dando lugar a lo que Magris ha llamado, no sin preocupación,  la cultura de lo facultativo, es decir, la cultura del me gusta o no me gusta sin más. Esa cultura que ha colocado a las religiones, las filosofías, los sistemas de valores o las concepciones políticas en los escaparates de los supermercados, de tal manera que cada cual toma su canasta y escoge los artículos que desea: “dos paquetes de cristianismo, tres de budismo zen, doscientos gramos de ultraliberalismo, un terrón de socialismo, y los mezcla a su gusto en un cóctel privado de su invención”.

Una cultura así, nutrida de inconsistencia y pereza mental es incapaz de mantener un proyecto de vida común. No hay familia, ni empresa, ni ciudad que sea sostenible si cada cual fabricara su cóctel privado. Desde luego, me asiste el derecho a expresarme, pero no lo puedo hacer colocando pintas que rayan en la demencia en las paredes del vecindario. Cuando se renuncia a la sensatez y a  las leyes no escritas de los dioses sólo nos queda la barbarie, cuna de patanes y tiranos, muy prestos a cuidar de lo suyo, dándole la espalda al resto de sus conciudadanos. 

Piura, 17. V. 10

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