El pasado jueves, como todo primer jueves de febrero desde hace más de 50 años, se reunieron en el hotel Hilton de Washington, congresistas y empresarios norteamericanos y extranjeros en el tradicional desayuno de oración que, como lo indicó el presidente Obama muy al inicio de la reunión, los congrega porque todos ellos coinciden en reconocer que la buena voluntad para creer, la apertura a la gracia y el compromiso de rezar puede aportar sustento a la vida. El invitado especial, en esta ocasión fue el presidente del Gobierno Español, Rodríguez Zapatero, conocido por su actitud agnóstica ante Dios y su posición más bien distante, fría y en muchas ocasiones en clara confrontación con el mensaje de la Iglesia Católica. 

En Estados Unidos desde su fundación está clara la separación entre el Estado y las iglesias, entre la política y la religión. Pero está igualmente admitido que la religión tiene espacio en la vida pública del pueblo norteamericano. Las huellas de lo divino sin vergüenza está muy metido en la sociedad norteamericana. “God bless America” (Dios bendiga a América) no es una mera frase. Hilary Clinton, la principal oradora del evento, pronunció un discurso –al decir de Gustavo de Arístegui- brillante, valiente, con una alusión elogiosa y cargada de admiración de la madre Teresa de Calcuta. Y ni que decir del discurso de Obama que no regateó palabras y se refirió a la gracia de Dios, a su misericordia y a la conveniencia de rezar en todo momento, aún en los tiempos de prosperidad y de paz. El desayuno de oración fue en España el evento que concentró la atención de los medios y hubiese sido la noticia con la que hubieran titulado sus portadas los diarios el viernes, de no haber sido por la tremenda crisis económica que tuvo su momento de punta justo en ese fin de semana: al creciente paro laboral y a los quince meses de recesión económica, se siguió la caída de la bolsa española más grande de los últimos tiempos. La picaresca periodística no se hizo esperar y algún diario tituló su portada diciendo “parece que Dios no escuchó a Rodríguez Zapatero”.

La prensa y los políticos han dicho de todo sobre el discurso –oración, lo que se dice oración, no ha sido- de Zapatero. Desde tildarlo de hipócrita hasta otorgarle su aprobación total. Leemos el discurso de Obama y lo comparamos con el de Zapatero y la diferencia salta a la vista. La intervención de Obama resuma fe y se mueve cómodamente con las apelaciones a Dios y a los valores cristianos. Zapatero comentó un pasaje del Deuteronomio (no retendrás el salario del jornalero) y no está mal, pero su tono es frío respecto a lo que puede ser un mínimo de vida nutrida de fe. Sí, ciertamente, las intervenciones de todos estos líderes políticos no han sido brasas encendidas de fe, pero queda siempre un claro testimonio de que Dios no está en retirada de la vida pública.

He preguntado en estos días a unos y otros si en España se podría convocar un desayuno de oración de las dimensiones del de Estados Unidos. Las respuestas son coincidentes: no. Por aquí, como en mucho lugares de la vieja Europa, no hay problema en organizar desayunos de trabajo, pero… desayunos de oración, eso da escalofríos. Hay una mentalidad laicista que intenta arrinconar a la religión hacia las cuerdas; a lo sumo, desayunos de oración en tu casa, de puertas adentro, pero no en el espacio público. Miradas las cosas con ojos de historia, sin duda encuentro más sana para nuestra sociedad latinoamericana la sociedad que surgió de la Revolución Americana de 1776 que la sociedad europea que nació de la Revolución Francesa de 1789. La laicidad negativa que nació de ella, debe ser reemplazada por la laicidad positiva que respetando lo que es de Dios sabe dar al César lo que es del César. En esto Benedicto XVI y el presidente francés Sarzoky coinciden.

Zaragoza, 6 de febrero de 2010

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