En una reñida segunda vuelta electoral, Sebastián Piñera ha sido elegido el nuevo Presidente de Chile y tomará el mando en escasos  cincuenta días. Frei, candidato de la Concertación que ha gobernado Chile durante veinte años, ha reconocido hidalgamente la derrota y ya están pensando en sus estrategias para ser una oposición fuerte y constructiva en el futuro inmediato. La Coalición para el Cambio liderada por Sebastián Piñera se apresta a poner por obra su plan de gobierno. Y si ya Bachelet creó 100 mil puestos de trabajo por año, Piñera ofrece duplicar esa cifra.
 El panorama político de la Región se enriquece en esta nueva década que inauguramos. Piñera y sus seguidores se han denominado de centro derecha y, efectivamente, lo son. Una nueva derecha que -lo ha señalado Vargas Llosa- se presenta como una alternativa democrática, dinámica y anclada en la sociedad civil y no en las armas de los militares. Acostumbrados en los últimos años a oír y sufrir el discurso del llamado nuevo socialismo del siglo XXI (gobiernos actuales de Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Cuba), el nuevo espacio político que se abre en Chile será, desde luego, un elemento que equilibrará el diálogo social. El futuro próximo no es la hora de la izquierda ni  la derecha o intermedios. Es la hora del sentido común, del consenso, de la inclusión, de la participación. Poco espacio le queda a los mesianismos vociferantes y rabiosos.
 Piñera es un empresario de los grandes en Chile y lidera un movimiento político de derechas. Tiene en sus manos la oportunidad de mostrar el nuevo rostro de la empresa y de las ideas liberales. La izquierda no ha visto con buenos ojos al empresario y mucho menos cuando éste es de los que juegan en ligas mayores. De hecho éste ha sido uno de los flancos que los opositores de Piñera han atacado. ¿Empresario y solidario? ¿Liberal y preocupado por los menos favorecidos? Imposible decían sus detractores. El reto de Piñera está cantado: mostrar que el mercado crea valor para todos, que el bienestar social se expande mejor cuando se promueve la fuerza creativa de la libertad. El Chile que encuentra no es un Chile en ruinas y eso lo saben los chilenos quienes le dan un aplastante 80% de apoyo a la saliente Bachelet. La Concertación deja un país fuerte, con muchas inversiones en el extranjero y modelo de solidez institucional. Por tanto, no se trata de deshacer lo logrado, se trata de hacer más eficaz el modelo de crecimiento económico hacia el interior y hacia fuera.
 La Región ha ganado con la elección de Piñera como presidente de Chile. Eduardo Frei ha declarado que le desea éxito al nuevo gobierno porque así le va bien a Chile. Le deseamos a Piñera lo mismo. Tener vecinos exitosos nos viene bien. Pienso que con el Gobierno de Piñera encontraremos cauces para arreglar nuestras diferencias limítrofes y se reforzarán aún más los vínculos comerciales que ya nos unen con Chile. Vínculos que son de ida y vuelta. No es sólo capital chileno en el Perú. Es también capital peruano en Chile. La última compra del grupo Brescia de la cementera más importante de Chile es una muestra de ese dinamismo de la economía globalizada en la que el Perú se mueve como Pedro por su casa. Esperemos que llueva café en el campo para todos.

Piura, 17 de enero de 2010

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