En la mañana de ayer, lunes 28, ha fallecido en Lima, el arzobispo emérito de Arequipa Mons. Luis Sánchez Moreno. Tenía desde hace bastantes años un cáncer que con la ayuda de la Virgen de Chapi –de la que era un fervoroso devoto- y los médicos pudo controlar bastante bien hasta este desenlace que lo pone en el Cielo, junto a tantos hombres que dedicaron su vida a la Iglesia peruana.

He tenido la fortuna de haber pasado junto a él varios años de mis vacaciones anuales. Hemos conversado de lo humano y divino en tertulias con muchos y en diálogos de confidencia en las que destacaba siempre su tino de pastor de almas y de gobernante que lleva entre sus manos  la salvación de los fieles a él encomendados. Encargo, de cuyo cumplimiento se sabía responsable ante Dios. No me cabe la menor duda de que el Señor dirá de él: “bien siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en lo poco, entra en la alegría de tu Señor”.

Don Lucho –así le decíamos- ha sido un arequipeño de pro. Fino y delicado en el trato. Hombre culto. Abogado y doctor en Derecho en la universidad española. Ni bien volver al Perú fue profesor de Derecho de Familia en la Universidad Católica (PUCP), cátedra que al dejar la Universidad para ordenarse sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, la toma Héctor Cornejo Chávez. Gran conocedor del Derecho Canónico y de la Historia de la Iglesia. Su sólida formación histórica le deba una perspectiva amplia en el espacio y en el tiempo. Vivía y pensaba en una Iglesia que era asistida por el Espíritu Santo y que transitaba por la historia de la humanidad renovándose continuamente en un depósito antiguo y nuevo como el Evangelio.

Al poco tiempo de ordenarse sacerdote es nombrado por la Santa Sede obispo auxiliar de Chiclayo. Participa como Padre Conciliar en el Concilio Vaticano II (1962-1965) y estando allí conoce al entonces obispo de Piura, Mons. Erasmo Hinojosa Hurtado quien le habla de su deseo de promover una Universidad en Piura. Le cuenta que ha tocado varias puertas y que no había conseguido ninguna ayuda. Don Lucho le sugiere que se comunique con el Fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá. Y así lo hace. Don Lucho entrega la carta de Mons. Hinojosa a San Josemaría, produciéndose una anécdota simpática que me la contó no hace mucho. La carta estaba muy arrugada y don Lucho tuvo un cierto reparo de entregarla así. Lo habló con don Alvaro de Portillo, secretario de San Josemaría y dieron con la solución: plancharon la carta y así el documento volvió a recuperar la dignidad que había perdido. La historia que sigue  es conocida y la ha documentado muy bien el Rector de la Universidad de Piura en su discurso de apertura de este año: nació la Universidad de Piura.

Pasó luego a ser Obispo de la Prelatura de Cañete y Yauyos. La labor que ha dejado allí se puede tocar: un seminario que ha sido semillero de decenas de sacerdotes y un Santuario a la Virgen, Madre del Amor Hermoso, bajo cuyo  amparo se le velará hasta el miércoles 30 para ser luego sepultado en el Valle de Cañete, testigo de muchos de sus años de labor sacerdotal.  Los últimos años de su actividad no fueron menos importantes e intensos. Los vivió en Arequipa como arzobispo de esta gran sede. Su amor a la Virgen de Chapi, de quien se sabía cuidado,  le mantuvo tuvo este tiempo en continua labor pastoral, sembrando a manos llenas en su prédica elegante y vibrante, ejemplo de calidad literaria en el género de sermones que lo coloca entre los grandes predicadores que ha tenido el Perú.

Cuántos recuerdos y cuánto trabajo el desarrollado por don Lucho. Su biografía forma parte de la historia de la Iglesia peruana. Adiós don Lucho, se hará  extrañar.

Piura, 28. IX. 09

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