En medio de los conflictos sociales internos que acaparan nuestra atención, tenemos también el frente externo con Chile, en una discusión limítrofe marítima ante la Corte Internacional de la Haya, a la que no le ha faltado el ingrediente picante que el presidente de Bolivia, Evo Morales, con escaso tino, agregó en tan delicado asunto jurídico.  Lo que necesitamos no son ánimos incendiarios, sino más bien espíritus conciliadores y así lo dijo, hace algunos meses, Javier Pérez de Cuéllar cuando recomendó que Chile y Perú hemos de superar nuestras diferencias siguiendo el ejemplo de los países europeos, especialmente, de Francia y Alemania: “Yo vivo en Francia –dijo- y allí veo todos los días lo que hacen los franceses y los alemanes para reafirmar su unidad”.

La Unión Europea de ahora empezó en mayo de 1950 con una  Carta de intenciones vinculantes por la que Francia propuso a la Europa entera poner bajo una Autoridad máxima los intereses económicos de Alemania y Francia en el tema del carbón y el acero. El autor de tal proyecto fue Robert Schuman, Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno francés en aquél momento. Natural de Alsacia-Lorena tenía en su formación intelectual y vital el espíritu alemán y francés a la vez. Conrad Adenauer, Canciller de la  nueva Alemania, aceptó e impulsó el nacimiento de esta Comunidad del carbón y el acero. Junto con Jean Monnet y Alcide De Gasperi (Italia), son considerados con toda razón los padres de Europa.

¿El consejo de Pérez de Cuéllar es sólo una buena intención? ¿Camina Latinoamérica hacia la Unión Americana? ¿La Unión Americana es todavía un asunto tan de largo plazo que si llega a ser, lo verán recién nuestros tataranietos? Damos una mirada por la Región y pareciera ser que la integración latinoamericana se desintegra y cada país baila la música de la globalización con su propio pañuelo: cada cual a lo suyo o a lo sumo cada oveja con su pareja. Fidel Castro y Hugo Chávez lideran la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA). Brasil juega en la liga de los nuevos grandes (Rusia, China, India). El Mercosur agrupa a Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay y todos los demás como Estados asociados. Nosotros, el Perú, nos hemos desmarcado de la Comunidad Andina (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú), pues nos impedía hacer tratados bilaterales con Estados Unidos y Europa.

Si pensamos en chico, nos atoramos con nuestros problemas internos y se nos va el sobrante de vida en arreglar las diferencias limítrofes con Chile. Me uno a la utopía posible de Pérez de Cuéllar. Necesitamos pensar en grande y aprovechemos, también, el consejo de ese otro sabio macerado por 25 siglos de cultura Occidental, Aristóteles: cultivemos la virtud de la magnanimidad. Es decir, pensar en grandes proyectos, emprender  causas nobles, dar a manos llenas cuando se trate de poner el hombro. Ser terriblemente “objetivos” en política no tiene ningún interés  y sólo lleva al pesimismo existencial. Ahí está, por lo menos, América del Sur. Tenemos historia común, hemos caminado juntos por siglos. Somos países con ventajas competitivas complementarias: petróleo, cobre, oro; pesca, agro-empresas, agricultura, bosques, ríos, selva, llanuras, pampas, playas, y un larguísimo etcétera. ¿Qué nos falta? Nos faltan los padres de América. Europa tuvo sus padres: mirémoslos, podemos aprender de ellos.

Piura, 4. VII. 09