La Universidad de Piura cumple este miércoles 29 de abril 40 años de inicio de clases. Escuché con atención y agradecimiento la Lección inaugural que el pasado sábado 25 leyó Dionisio Romero en la tradicional Ceremonia de Apertura del Año Académico. Documentó la historia de la gestación de la UDEP entre los años 1967 y 1969 y reparé, entre otras cosas, en ese insólito ambiente cultural y político en el que nace la Universidad. Su Ley de creación se dio en junio de 1968 y en 1969 empezaron las clases. Es decir, nace en el momento de mayor efervescencia social en el mundo intelectual occidental.

Efectivamente, la década de los 60 es recordada, sobre todo, por la revuelta estudiantil que recorrió de extremo a extremo al  mundo occidentalizado, en una época de creciente desarrollo económico en la que asomaba satisfecha la actual sociedad de consumo. Es  difícil establecer cuáles fueron los móviles que activaron durante ese período las movilizaciones estudiantiles en Berkeley (el movimiento de la libre expresión en California), Berlín, Tokio, Ciudad de México (en Tlatelolco murieron cientos de universitarios en octubre del 68), París (Mayo del 68, el movimiento más emblemático de la época sin un solo incidente mortal).

En los universitarios de la época está presente el comunismo de Marx, Mao y la versión freudiana-marxista de Marcuse. Pero basta leer las crónicas de esos meses agitados para darse cuenta que los estudiantes no buscaban entronizar al proletariado, ni menos establecer un  régimen de partido único y disciplina militar. Y para muestra bastan unos pocos botones, tomados de las pintas en las paredes de París: “prohibido prohibir, la libertad comienza por una prohibición”; “viva la comunicación, abajo la telecomunicación”; “el hormigón armado educa la indiferencia”; “las jóvenes rojas cada vez más hermosas”; “la economía está herida, que reviente”. Como ha escrito con buen juicio el profesor Comellas “la permisividad, el amor libre, la desaparición de las normas académicas, la vida espontánea y sin constreñimientos, parecían ser más bien el ideal de aquellos estudiantes que protestaban contra la sociedad de consumo”.

En el Perú, nuestro mayo del 68 tiene otras manifestaciones. No es la imaginación la que busca entronizarse como querían los universitarios franceses. Es la ideología marxista la que campea en las universidades casi sin rival alguno. En los años 70 el pensamiento se vuelve único. Marx y Mao ocupan los contenidos de las clases universitarias. No nos llega a nosotros ese cierto irracionalismo de la revuelta europea. Por nuestras universidades la pugna no era entre los orcos y los elfos, sino entre centros federados revolucionarios a cada cual más radical en su interpretación marxista de la sociedad. No se trataba de jugar a hacer el amor como querían los hippies del gran país del Norte, sino de hacer en serio la revolución.

Ciertamente, como dijo Dionisio Romero, de mayo del 68 nos quedamos sólo con el fusil, se nos arrebató la alegría y nos nació un ánimo  irritado del que nos hemos ido desprendiendo a duras penas. La Universidad de Piura, en este sentido, fue una apuesta valiente que se abrió paso en ese enrarecido mundo académico de pensamiento único marxista, recuperando para la vida intelectual, la idea de la Universidad como casa común, que acoge en su seno a profesores y alumnos en búsqueda esforzada de la verdad, puesta al servicio de todos los hombres y de todo el hombre, sin los reduccionismos de muchos de los materialismos de la época que desconocían el destino trascendente del ser humano. El tiempo transcurrido no ha hecho sino confirmar la fecundidad de este proyecto, entroncado con la más añeja tradición universitaria de fines del siglo XII, en cuyas raíces se encuentran los cimientos humanistas y cristianos de nuestra civilización.

Diario El Tiempo. Piura, 29 de abril de 2009

Anuncios