Este martes 9 de diciembre, a las 5:30 p.m. ha fallecido en Lima el padre José Navarro Pascual, ex Rector de la Universidad de Piura, ordenado sacerdote en 1997 y, desde entonces, dedicado a la labor sacerdotal en la Prelatura del Opus Dei en el Perú. Los dos últimos años sobrellevó una penosa enfermedad que lo fue consumiendo poco a poco y me consta que en medio de sus dolores, ofrecidos a Dios generosamente, estaban tantas intenciones con nombres propios, una de ellas la labor que se desarrolla en la Universidad de Piura.

José Navarro no era peruano de nacimiento. Vino al Perú muy joven en 1957, a los 17 años, e ingresó a la Universidad Católica, en Lima, en donde estudió Literatura.  Hombre de letras por donde se lo mire y clásico por formación y temperamento. Fue un gran conocedor de Garcilaso de la Vega y estudioso profundo de la vida y obra del Obispo Martínez de Compañón. Destacaba como pocos en su amor por el Perú y fue un profundo admirador de nuestro héroe Miguel Grau.

Medido en la palabra que, por cierto, supo usarla con mucha propiedad y elegancia. De gustos sobrios y carácter recio. Acogedor en el trato. Deportista más por cabeza que por emoción. En la hora de la diversión era un criollo de la vieja guardia;  en más de una ocasión lo he oído entonar añejas canciones criollas, a voz en cuello y guitarra en mano. Si había que animar una reunión, siempre se contaba con él, aun cuando se le diera mejor la actuación seria, que la jocosa.

Coincidí con Pepe Navarro en los años 80 cuando trabajaba en la Secretaría del Consejo Superior de la Universidad de Piura y él era el Rector. Como decían los clásicos griegos cada cual recibe según el recipiente que  es y algo me quedó de esos años de trabajo a su lado: para él un período de madurez, para mí la etapa inicial de mi vida profesional.  En el trabajo, Pepe Navarro era ordenado, meticuloso, pulcro. Profundo en el estudio, dispuesto siempre a salvar la justicia y la caridad en la toma de decisiones. Y así como para leer se ponía sus anteojos de cerca, cuando pensaba en la Universidad su mirada se  iba al horizonte, al largo plazo.

Se nos ha ido Pepe Navarro, un hombre bueno y fiel, un sacerdote de Dios. Me quedo con su recuerdo y me uno a la oración de tantos que piden por su alma con el convencimiento de que el Señor, a quien sirvió, lo tiene ya en su Gloria. Me anima, también, su ejemplo de fidelidad a la llamada del Amor, en sus años de juventud, que hicieron de su vida un campo fecundo hasta el último momento de su vida.

Piura, 9. XII. 08

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