Después de una larga jornada, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela divulgó, en la madrugada de este lunes, el Boletín Oficial con los resultados del Referéndum sobre cambios en la Constitución Política de ese país: por un estrecho margen ganó el NO a la las reformas patrocinadas por Hugo Chávez. Después de ocho años de gobierno con  triunfos avasalladores sobre sus oponentes, es el primer revés político serio que enfrenta Chávez, en un momento en que su discurso político llegaba al clímax de patrocinar una trasnochada ideología socialista, sumada a la agresividad de sus gestos a los ya que nos tenía acostumbrados. Quería para Venezuela una suerte de socialismo, mezcla de nacionalismo anti Bush y populismo petrolero, pero el 51% del electorado que asistió a las urnas le dijo que NO.

Chávez ha sabido reconocer esta derrota política y la oposición ha respondido con madurez: no es el momento de devolver golpe por golpe, es más bien tiempo de unir, de sumar y de reconciliar a los venezolanos. Chávez no debe insistir en su discurso monocorde, tiene que gobernar en adelante sabiendo que existe una verdadera mayoría social que no está de acuerdo con su agenda política. Antes del referéndum, no existía contrincante político serio. Chávez estaba solo y se podía dar el lujo de la arbitrariedad y los exabruptos en sus actos, gobernando para ese otro 49% que existe y que le es leal. Ahora sabe que el color rojo no es el único color de Venezuela y que su discurso tampoco representa a todos los venezolanos: tiene que aprender a gobernar con la oposición.

El fatigoso camino de la democracia, ya lo sabemos, no es un línea recta, es más bien un entrecruzamiento de planos que han de buscar una intersección común. Sería muy tosco y superficial reducir el espectro político venezolano en chavistas y antichavistas. La pluralidad es mayor. Hay, ciertamente, un rechazo al autoritarismo y al carpetazo de la fuerza. La oposición reclama diálogo social y la construcción de un proyecto común incluyente y no excluyente. Lo que está en juego, pues,  es la vida política y económica en común de todos los venezolanos y le vendrá bien a Chávez moderar su desmedido entusiasmo tropical.

Por otro lado, la Región también recibe un mensaje: no se puede gobernar con políticas de confrontación y a palos. La realidad social de cada país es mucho más que las viejas fórmulas resucitadas por  gobiernos como los de Chávez o Evo Morales: imperialismo vs. anti imperialismo, privatización vs. nacionalización, capitalismo vs. socialismo. Este lenguaje efectista no sólo empobrece el discurso político, sino que excluye injustamente a los verdaderos actores de la vida económica y social de un país. La lección es, pues, para todos, para los gobiernos en ejercicio y sus leales y para los grupos de oposición. Ningún grupo puede ignorarse y cada cual tiene intereses y necesidades diferentes. No se trata, me parece, de rechazar una ideología socialista para poner un programa liberal sin más. Las recetas políticas enlatadas son buenas para cubrir un espacio en la TV, pero poco eficaces para conducir la complejidad de un país. Es la hora de la creatividad  y del regreso a la realidad: más realismo político y menos ideología.

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