Cuenta Bernard Crick, conocido politólogo inglés, que “en una ocasión, Chesterton (1874- 1936) comentó a propósito de los moderados fanatismos de los partidarios de imponer la abstemia: mejor Inglaterra libre que Inglaterra sobria”. ¡Sí, éste es Chesterton!, escritor de célebres novelas (El hombre que fue jueves, El candor del padre Brown), ensayista provocativo (El hombre eterno, Ortodoxia), crítico agudo y amable (Herejes, Stevenson, San Francisco de Asís), poeta y polemista innato, pero sobre todas las cosas un hombre agradecido de la vida y un gran periodista.


Cuando acaba el colegio decide ser pintor y se matricula en la Escuela de Arte. No le dura mucho el entusiasmo y pronto deja estos estudios para dedicarse a escribir. Pero como el mismo dice de sus narraciones -con indudable desprendimiento de su innegable mérito- éstas no acaban de ser tan buenas como las hubiese escrito un novelista, entre otras razones, porque “siempre fui y seguramente siempre seré un periodista, porque en realidad a mí me gustan ver las ideas y los conceptos  forcejear desnudos, por así decirlo, y no disfrazados de hombres y mujeres” y, dado que por su carácter no podía evitar ser polémico, ejerció el periodismo de opinión con destreza e ideas propias.
Chesterton, más que escribir, dibuja. Tiene la habilidad de encontrar los rasgos que definen a los personajes y hace de ellos continuos bocetos, muy nítidos, de tal manera que el personaje queda retratado no en una foto de estudio, sino en una secuencia de ellas, como si hubiese hecho una sesión de fotos, en las que se muestra sus diferentes ángulos. Esta clave me ha ayudado a disfrutar más la lectura de nuestro autor, pues, al lector desprevenido, le puede saturar la excesiva minuciosidad con las que, a veces, Chesterton se detiene en la anécdota o en lo nimio. Así lo dice en su Autobiografía (Barcelona, 2003, Ed. Acantilado): “cualquiera que lea este libro verá que desde el principio, mi instinto sobre la justicia, la libertad y la igualdad era de alguna forma distinto del habitual en mi época, distinto de todas aquellas tendencias dirigidas a la concentración  y la generalización. Mi instinto me llevaba a defender la libertad de las naciones pequeñas y de las familias pobres;…” Nada, pues, más alejado de él que las abstracciones o las simples generalizaciones.
Siendo como es un escritor tan multifacético, lleno de ideas bellamente expuestas, me atrae aún más, su gran libertad de espíritu, su extraordinario sentido común. Le sacó lustre a lo cotidiano, sin rigideces que asfixian, pero tampoco con solturas o licencias impunes. Son ilustres las correrías y la gran amistad que lo vinculó a Hilaire Belloc, otro grande en la literatura inglesa, aunque de ascendencia francesa. A Belloc se le atribuye la conversión al catolicismo de Chesterton, Conversión que no fue sólo un título honorífico en él, sino un aliciente para su pluma en la polémica con anticlericales y protestantes. Profesión de fe, por otro lado, que enriqueció su natural talento, aún cuando no sea ésta la opinión de Jorge Luis Borges, gran admirador de Chesterton, quien considera que la amistad con Belloc  y su Fe lo perjudicaron como escritor. Me quedo con el reconocimiento de Borges a la agudeza de Chesterton y prefiero los textos escritos desde lo hondo de la Fe que desde el desamparo del agnosticismo.
Pienso, de otro lado, que –sin llegar a ser un Peter Pan empedernido- mantuvo siempre el alma de un niño y el espíritu jovial y divertido de un trovador, aunque en ocasiones no fuera tan sabio como debería serlo. Una vida compuesta -como él dice- “de simples tonterías, pues creo que la vida auténtica de una persona debería estar hecha exclusivamente de estas cosas”, como la de aquel paseo a la nieve de los esposos Belloc y Chesterton que terminó en estos versos: “Teníamos frío, helados medio muertos,/ y las puertas permanecían abiertas por el deseo;/ y frente a nosotros una mujer con frío en la cabeza/ y un hombre con la espalda en el fuego”. Esto es ciertamente, vivir, dispuestos a reírse de uno mismo, sin hacer tragedia en donde hay comedia o a la sumo drama.
En este sentido, Chesterton es la antípoda vital de aquel otro personaje ilustre de su época, Bernard Shaw, conocido por su obra de teatro Pigmaleón, popularizada en la película My fair lady. No estaban de acuerdo en casi nada y en la polémica estaban en los bandos contrarios: “He defendido la institución de la chuleta y la cerveza contra la higiénica severidad de su vegetarismo y su abstinencia total. He defendido  la vieja idea liberal del nacionalismo contra la nueva idea socialista del internacionalismo. … He defendido lo que considero las sagradas limitaciones del hombre contra lo que él considera el vuelo ilimitado del superhombre”. Polémica que duró más de veinte años, sin animosidad o hipocresía, lo que habla a favor de ambos, aunque yo, al igual que el profesor Rodríguez Casado, me incline en la polémica a favor de Chesterton y no de Shaw.
El mismo Chesterton nos señala cual ha sido la idea principal de su vida: aceptar las cosas con gratitud y no como algo debido.  Una actitud alejada tanto de la arrogancia como de la desesperación. La primera lleva a considerar que nada hay digno de uno o que lo recibido es algo a lo que se tiene derecho, se merece. Por el contrario, la desesperación es un pesimismo vital, que paraliza el entusiasmo y obtura la mirada, atenta sólo a ver el lado oscuro de la vida. El arrogante perdona la vida a los demás. El pesimista maldice su suerte. Ninguno sabe agradecer. La humildad cristiana, en cambio, le hace decir a Chesterton que “el objetivo de la vida es la capacidad de apreciar; no tiene sentido no apreciar  las cosas como tampoco tiene ningún sentido tener más cosas si tienes menos capacidad de apreciarlas”.  Es la humildad la que hace agradecida a la persona: lo recibido es un don, un regalo y no un derecho. Chesterton, me parece que estaría de acuerdo –en parte- con nuestro Martín Adán cuando dice  que “la que nace es la rosa inesperada”, pero pienso que estaría más de acuerdo si dijera “la que nace es la rosa inesperada e inmerecida”.

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