Charles Handy, conocido consultor de empresas, escribió hace un buen tiempo un libro de título y contenido sugestivos Gods of management (Los dioses de la dirección de empresas). Hace una tipología de los estilos directivos de los jefes y los agrupa en cuatro grandes categorías que se corresponden con el perfil de algunos dioses del Olimpo griego. En esta ocasión me fijaré en el directivo que se comporta como Apolo.
Apolo es el dios de la racionalidad, el orden y el equilibrio. Candidato para el estilo Apolíneo de dirección es aquel que tiene una mentalidad matemática, gusta de las funciones muy claritas y es un amante de las mediciones con precisión suiza. Hay puestos en la empresa que le vienen pintados. Hará un buen papel en el área de producción u operaciones. Sabrá manejarse adecuadamente en el departamento de logística. Nadie mejor que él para supervisar y llevar el número exacto de fotocopias que se usan diariamente en la empresa. Cree en las programaciones y a principios de año ya tendrá el plan de actividades perfectamente diseñado. Si las cosas no se ajustan a lo programado, peor para las cosas y la realidad, el plan es el plan y se cumple.
Apolo como directivo prefiere los sistemas a las personas. Con él no hay sorpresas, porque todo está previamente programado. Frente a la creatividad opta por la seguridad y la precisión. Su mente secuencial y analítica le hace ver muy bien el árbol que tiene delante, aunque deje de ver el bosque que lo rodea. Tiene -en lenguaje coloquial- poca cintura y los imprevistos lo despeinan y ponen muy nervioso. No sabe qué hacer con el “diferente” del grupo. Lo ve como un peligro para el proceso. Su mejor desempeño, sin riesgos para su vida y la de los que dirige, lo consigue en los tiempos de bonanza, donde todo es felicidad y no hay piratas a estribor amenazando el tesoro del barco. Con las personas su trato es cordial, pero puede ser distante y frío. Lo suyo no son las competencias relacionales, pues su inteligencia tiene prisionera a su afectividad.
Pero así como el mejor sitio para Apolo es una planta de producción, su peor lugar es una empresa de conocimiento, donde lo que se organiza no son cosas, sino el servicio de intangibles, cuya naturaleza escapa a las mediciones y cuyos miembros necesitan espacios amplios de libertad. El estilo apolíneo de dirección convierte a esta organización en un invierno eterno en donde no se celebra la Navidad, ni hay regalos, ni risa franca y sincera. Uno a uno los miembros de la organización quedan convertidos en estatuas inertes por la bruja de Narnia que no soporta la originalidad fuera de libreto. Narnia pide ser gobernada por la prudencia del Rey Aslam y no por la pericia técnica de Apolo.